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Medellín - Antioquia,
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LA PALABRA MÁS BELLA DEL IDIOMA CASTELLANO ES LA PALABRA PALABRA, PORQUE SON TODAS LAS PALABRAS. BASTA EXPRESARLA, SEA CON LA VOZ O CON LA TECLA, PARA QUE MÁGICAMENTE SE CONVOQUE EL OBJETO QUE NOMBRA. OTRA PALABRA QUE AMO POR SU SONORIDAD, SU ÍMPETU Y MORFOLOGÍA, PUES SU EXPRESIÓN ES ESCRITA ES CASI SU PROPIO GRAFISMO, ES LOCOMOTORA. TERCERAS SERÍAN ASTROMELIA, ASTROLABIO Y TRISTEZA. JOTAMARIO ARBELÁEZ DÍA DEL IDIOMA TOMADO DEL ARCHIVO DEL MOVIMIENTO NADAÍSTA, BIBLIOTECA PÚBLICA PILOTO DE MEDELLÍN PARA AMÉRICA LATINA.
Misión del escritor Por Jotamario Arbeláez Porque el escritor campeón del individuo. El soldado, el hombre leal, representan el entierro en masa, la bomba atómica, la fosa, común: el escritor en cambio defiende esos pequeños cementerios atestados, antieconómicos, insalubres, en donde las cruces de piedra preservan nombres innumerables Graham Greene Le dieron al escritor el don de la palabra. Le concedieron el uso de la palabra. Y el escritor hizo con la palabra un tránsito de su sentir humano al corazón de sus semejantes mortales. La palabra es un símbolo, pero acostumbraron al hombre a la aprehensión continua de los símbolos. También es símbolo el color. También es símbolo el sonido. El hombre construyó entonces la tabla de equivalencias entre símbolo y representación. El símbolo consiguió entonces exaltarle el espíritu. Al encargado por excelencia de la palabra, de transmitirla a los demás, se le exigió, por lo menos, solidaridad humana. Una exigencia justa pero fácilmente violable. Algunos pensaron que el género de los escritores no tenía nada que ver con el género humano (a lo sumo que gravitaban por accidente sobre la misma tierra que se alumbraban con la misma luz del aire). Embutidos en la torre de babel de marfil, con las lenguas trabadas, produjeron sus galimatías. Y fueron aplaudidos desde el abismo de babel, desde el abismo de marfil. Otros pensaron que los escritores eran los conductores. Que no había más gobierno sobre la tierra que el de su palabra. Otros pusieron sus palabras al servicio o a la defensa de determinada ideología. Todos pecaron, todos se equivocaron porque todos eran escritores. Porque ser escritor no es ser filósofo. Mientras el filósofo trata de dar testimonio de la verdad, el escritor debe tratar de dar testimonio de la vida. Mientras el filósofo interroga los cielos arcanos, el escritor debe hacerlo con el infierno terrenal. El filósofo especula con el concepto, el escritor solamente con la palabra. N es filósofo. K es escritor. N y K dan un paseo por el campo. Ambos miran el cielo espumoso de la mañana. N puede decir: - Afirmo que el centro del universo está a dos años luz al Este de la estrella más alta. K debe contestar: - Afirmo que el centro del universo está en el Hombre. Hacia arriba o hacia los lados, hacia cualquier lugar que mire, el hombre sólo encuentra un equidistante misterio. Entonces el hombre está en el centro. Provisionalmente. Hasta que el misterio del cielo sea abierto. O hasta que muera. Entonces será absorbido por la esencia misma del cosmos. Pero si el hombre mira a sus pies, encontrará que tiene algo a qué aferrarse. La maravillosa tierra que produce manzanas. La tierra que “es su porvenir, su alegre morada y su reposo”. La tierra taladrada por dentro por los buscadores de esmeraldas por las cañerías victoriosas, por los autobuses subterráneos, por las lombrices de tierra. La tierra que se despierta ante el estupor de millones de astros. Orgullosa del hombre que la camina. Uno de esos hombres que la camina es el escritor. A quien si le concedieron el privilegio de la palabra, también le concedieron el privilegio del silencio porque un escritor no es solamente lo que escribe sino lo que calla. No es solamente lo que expresa luego de la contemplación, sino lo que quedó en sí mismo de contemplación inexpresable. Concluyamos cualquier cosa; con las premisas anteriores se puede probar todo o no se puede probar nada. La misión del escritor es ser escritor. Durante el tiempo que le parezca conveniente. Si le parece conveniente. Tomado del periódico “El Expreso” de Cali, columna “Temas Libres”, 1964. Paño de lágrimas Padre Con esta mano que me diste Bendigo el mundo que me diste Gracias te doy por la obra de tus manos Y por la obra de tu amor Desde mi nacimiento no tuvo paz tu pie sobre los pedales Y la música de tu máquina de coser arrulló mi infancia Y te debo no sólo el ánima que ambula con sus tejidos corporales Sino el ropero que me has hecho Soy un hombre de paño gracias a tus desvelos De ti heredo la talla y el modo de amarrarme los pantalones Tú me diste las primeras puntadas de mi amor por la poesía Brindo por ti con un dedal de vino! Un largo inacabable es tu bondad Tus reglas siempre rectas fueron dóciles Con tu tiza también se escriben páginas den la humilde historia Montado en una aguja entrarás al Reino más veloz que en ningún camello No perdemos el hilo de tu cariño Nos unimos alrededor de tus tijeras Jotamario Arbeláez, Mi reino por este mundo. Canto Cuarto, Paños Menores – Publicado por la editorial Oveja Negra, 1986. |
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