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(Piedecuesta, Santander 1943)
Irrumpió en el Nadaísmo con un sable y una
guitarra, haciéndose llamar “Comandante” y difundiendo a los cuatro vientos sus
canciones de protesta.
Sacudió el movimiento de sus tendencias
místicas y lo enfiló de nuevo por una agresividad más concreta: contra el
imperialismo, contra el gobierno, contra las fuerzas armadas. Ganó el Premio
Nadaísta de Novela 1967 con “La Pequeña Hermana” (1). Sus presentaciones
públicas originaban desmayos y trifulcas. Algunas de sus canciones constituyeron
éxitos inigualados en la discografía nacional. Su posterior novela, “La
Verdadera Historia de Clarita Natallana”, a la cual dedicó varios años, fue
destruida en un acceso de furia. Se salvó sólo un fragmento que Gonzalo Arango
había publicado en la Revista Nadaísmo. Sus discos siguen apareciendo
intercalados con largos períodos silenciosos, durante los cuales ha elaborado
una nueva novela, “La Casa de la Bella Marangola”, de inminente aparición. Sus
actitudes siguen siendo frontales, su compromiso definido. Contradictor y contra
todo. En su homenaje se publica este texto contra su expresa voluntad.
- (1) Ediciones Tercer Mundo, 1967
Canciones
Después de la guerra
Un día
Después de la guerra
Si hay guerra
Si después de la guerra hay un día
Te tomaré en mis brazos
Un día después de la guerra
Si hay guerra
Si después de la guerra hay un día
Si después de la guerra tengo brazos
Y te haré con amor el amor
Un día después de la guerra
Si hay guerra
Si después de la guerra hay un día
Si después de la guerra hay amor
Con qué hacer el amor
Inútil primavera
Yo digo que los niños
Que el sol y las cometas,
Tú dices que los bancos,
Los préstamos, las cuentas
Yo digo que las flores
El pan y la pelea
Tú dices que el otoño.
El dinero y la cosecha
Sólo el correr del tiempo,
La inútil primavera
Dirá quien a la larga
Tenía la razón.
Yo digo que mi gente
Tú dices que tu fiesta;
Tú hablas de tus collares
Y yo de mis cadenas.
Sólo el correr del tiempo
La inútil primavera
Dirá quién a la larga
Tenía la razón.
Ni flores ni peces
Bajé hasta el río
A traerte flores
Y a traerte peces…
Pero los tiempos
Han cambiado tanto
Que ya no se puede
Cortar las flores
Que en nuestros caminos
Casi siempre crece,
Tomar las flores
Hacer ramilletes
Y atrapar los peces.
Me vine solo
Para nuestra casa
Como vengo siempre…
Me vine y vuelvo
Ya sin esperanza
Con que vine siempre.
Aquí te traigo
Lo que pude traer;
Será muy poco
Y no es para comer;
Traje el revólver
Y la carabina
Con esta canción…
Para que veas
Que si no hay comida
De alguna manera
La consigo yo.
Feliciano el triste
Pobre tiple campesino
Que de las montañas viene
Tuvo que bajar
Con don Feliciano
El triste
A cambiar el campo
Por la capital.
Feliciano ha conseguido
Trabajo en las calles
De la capital;
Le dieron escoba y barre
Buscando monedas
Limpia la ciudad.
Rasga su escoba el asfalto
Feliciano el triste
Qué callado está…
Toca su tiple en la escoba
Y el tiple en la alcoba
Qué callado está.
Al llegar al paradero
Feliciano para
Rebusca dinero,
Porque Feliciano sabe
Que otros Felicianos
Por no perder buses
Perdieron dinero.
Y al llegar la carretilla
Feliciano bota
Toda su esperanza
En el basurero
Y se va para su casa
Y levanta el
Niño
Que duerme en el suelo…
Porque Feliciano sabe
Que en sus brazos tiene
Un instrumento
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