Por esas esquinas hay talentos y energías desperdiciadas, pero se han estigmatizado. Jóvenes de todos los estratos socioeconómicos enfrentan la misma situación de falta de oportunidades para su inserción social. Manuel Saldarriaga
En Medellín hay 80.000 muchachos que no tienen nada qué hacer.
En todos los estratos hay jóvenes que no se pueden articular a nada.
"Parece que no hay más opciones de inserción social que la rumba".
Por León Jairo Saldarriaga L.
Medellín
Miles de muchachos desocupados pueblan hoy las esquinas de los barrios de Medellín, sin esperanzas de ser insertados a la educación superior ni al mercado laboral, en una situación que ha llevado a las organizaciones que trabajan con jóvenes a reclamar una política municipal que les ofrezca alternativas y que tenga en cuenta las experiencias aplicadas.
De acuerdo con estudios de la Corporación Paisa Joven, en la ciudad hay unos 760.000 muchachos (un 68% de los estratos 1, 2 y 3), de los cuales unos 80.000 están en las calles sin hacer nada.
Dispersos por todo el paisaje urbano, porque pertenecen a los seis estratos socioeconómicos, monseñor Iván Moreno Agudelo, director de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Medellín, considera que estos muchachos de esquina son víctimas de lo que llama las "prisiones callejeras".
Se fue a las bases
Mauricio Hoyos, del Programa de Juventud y Ciudadanía de la Corporación Región, recuerda que alrededor de los 90 los jóvenes se empiezan visibilizar como actores de la violencia con una función más instrumental que ideológica en el ejercicio de la criminalidad que se disparó con los carteles de la droga.
Como respuesta, el Estado hizo una intervención jalonada desde las consejerías presidenciales para Medellín y Antioquia que permitió formar una institucionalidad fuerte concertada entre lo público y privado y la sociedad civil. "El Estado vio necesario llegar a la base de la población para entender qué sucedía".
Desde ahí se construyó un proceso de juventud tan importante, que hoy es visitado por instituciones de América Latina, para replicar los proyectos de prevención de violencia, discriminación y drogadicción en países como Brasil, Uruguay y Perú.
Hoyos recuerda que se probaron modelos de empleo con las microempresas, que luego llevaron a "microquiebras", mientras que otros siguen funcionando con expresiones socioculturales que han permitido construir nuevas condiciones de vida. Si bien aquella situación tuvo un fin curativo para frenar la acción armada, destaca que creó la necesidad política de generar una intervención preventiva del Estado y que se desarrollaran proyectos por toda la ciudad.
Anota que se formuló una política de juventud local consignada en un acuerdo municipal en 1993, que está vigente pero no tiene aplicabilidad. "Se ha hecho un trabajo importante, pero en el último año se ha desconocido todo ese proceso, que de alguna manera es como olvidar lo hecho", se queja Hoyos, quien cree que se han desestimado todos los aprendizajes obtenidos en comunidades de base.
Entidades que guapean
Jaime López Castro, coordinador de programas de la Asociación Cristiana de Jóvenes, ACJ, que hace 20 años trabaja en proyectos sociales en barrios pobres, plantea que es drama de todos los días ver cómo los muchachos que salen de undécimo no tienen nada qué hacer.
"Todo el tiempo reafirmamos su exclusión del mundo académico y laboral y la falta de oportunidades del sector oficial y privado", dice, al poner el ejemplo de dos muchachas del comité juvenil que desde el año pasado están "pegadas" de un directorio telefónico buscando trabajo, pero no ha habido respuestas. De su vivencia en la Comuna de San Javier, señala que con los hombres es peor porque son caldo de cultivo para los grupos armados. "Es una encrucijada".
Cuando aparecen ofertas, algunas se quedan en intenciones. Recuerda que a finales del año pasado hubo inscripciones para el programa Jóvenes en Acción del Plan Colombia, pero no pueden participar porque los grupos armados no simpatizan con él. "Los que quieren, lo hacen a riesgo".
A propósito, Marta González, directora del Movimiento Solidario por la Vida y el Desarme No Matarás, cuenta que es preciso convencer a los muchachos que es necesario estudiar y sacarlos de la cultura de que la vida es corta o que no pueden salir del barrio. "Cuando ya los tenemos convencidos y sensibilizados, empiece, pues, a buscar en qué se capacitan, porque las oportunidades cada día se cierran más", dice, tras anotar que con ellos se acentúa más el desempleo por su procedencia.
Del estigma al ingenio
El vocero de ACJ comenta que en las esquinas también hay propuestas artísticas y señala que en Itagüí, unos muchachos montaron una emisora. "Son lugares comunicantes, puntos de encuentro. El asunto no es estigmatizar la esquina con cosas malas".
Pero se reclama mucho más que amoblamiento urbano. El investigador de Región indica que los jóvenes de la llamada élite, de estratos 5 y 6, no necesitan una placa polideportiva, pero viven ausencias y soledades que los agobian. "Tampoco tienen inserción social, pues aquí parece que no hay otra posibilidad que la rumba", cuestiona, al criticar que se ha bajado el perfil de los programas que desarrollaba el Planetario.
Juan Carlos Hernández, coordinador del Area de Empleo Juvenil de la Corporación Paisa Joven, un convenio de cooperación internacional del gobierno alemán y la Alcaldía de Medellín, complementa que existen ejemplos que se deben apoyar como la Red de Instituciones de Capacitación y Promoción del Empleo Juvenil, conformada por 35 organizaciones públicas, privadas y Ong que presentan alternativas para que los jóvenes no estén sentados en la esquina.
Según la Red, se les debe brindar una educación integral que involucre aspectos no sólo de formación técnica, sino humana, empresarial, sociolaboral, de orientación vocacional y acompañamiento a iniciativas productivas. Hernández cree que son costosas al momento de pensar en inversión y generan impacto a mediano plazo, por lo que no son llamativas para los gobernantes, pero se debe apuntar a que se vuelvan más programas de Estado que de gobierno.
¿Pero qué hacer?
Monseñor Iván Moreno Agudelo, de Pastoral Social, cuenta que al conversar con esos muchachos sin opciones "uno encuentra unos cerebros y unas energías que, si se orientaran, serían grandes líderes y gerentes de empresa con ideas claras".
Los identifica como "energías cautivas" que no se han encausado de manera individual ni colectiva y que, en el caso de la Arquidiócesis, los trabaja en valores. "Muchos están recuperados y dicen que nadie les pone reversa".
Se duele que sólo se aplican paños de agua tibia, pues no se ve una política continuada de las autoridades locales. "Un gobernante queda hopitecado a pagar favores y no hay una línea seria que se respete".
Pone como ejemplo los Semilleros de Paz que la Curia adelanta con 5.000 niños que perfilan una nueva generación en lenguaje y actitudes, pero que si les hicieran seguimiento a 10 años, a dónde llegarían.
"Aquí no es con la figura de corbata, hay que condenar la actitud pasiva de mandar desde un escritorio. Por eso a los muchachos les llega el desespero, y mientras uno no se siente con ellos en un adobe a escucharlos no se sabe qué proponen", recalca monseñor Moreno.
Juan Carlos Hernández, concluye que para Medellín y para la actual Administración, es imperativa la consolidación de una política municipal de juventud. Asegura que existen condiciones que sólo se presentan aquí como un Acuerdo Municipal que la legitima, el primer Consejo Municipal de la Juventud, CMJ, una Oficina de la Juventud, un programa de cooperación internacional apoyado por el gobierno alemán y cientos de organizaciones interesadas en el tema. ¿Qué falta para elevar a estatus de política todo lo que se ha venido debatiendo, aprendiendo y concertando?, se pregunta.