CONTRATIEMPO

Poetas en traje de campaña

POR JOTAMARIO ARBELÁEZ

Todo el que quiere votar por Uribe es para que haga la guerra total que no ha sido capaz de hacer nadie. No para que sea el bondadoso adalid que el poeta proclama.

En el año sagrado para la juventud insurrecta de 1968, Eduardo Escobar y yo expulsamos del nadaísmo a nuestro profeta mayor, Gonzalo Arango, cuando calificó al presidente Carlos Lleras Restrepo "poeta de la acción" en el barco 'Gloria'. Consideramos un insulto que a pocos meses de la muerte del Che, el líder de toda una generación carburada en las negaciones otorgara ese título a quien acababa de cerrar la Universidad Nacional, cosa que en realidad nos importaba un bledo a nosotros, iletrados universitarios para quienes la revolución sería nuestra escuela de réprobos.

Se suponía que el nadaísmo estaba contra todas las banderas, sobre todo las políticas partidistas convencionales, pues anunciaba una utopía sólo asequible a través de la anarquía. De allí en adelante, cada que un nadaísta tuvo alguna aproximación con algún político fue considerado anatema. En el 70, Gonzaloarango y Jaime Jaramillo Escobar se fueron con Belisario a través de nuestro recién creado órgano desorganizador, la revista Nadaísmo 70, y se quedaron mamando cuando precisamente Lleras le robó las elecciones al general Rojas Pinilla para entregarle el poder a Pastrana, y los primeros que protestamos para la historia (luego lo hizo el M-19) fuimos Elmo Valencia y yo, cuando decidimos escribir El libro rojo de Rojas para denunciar ese fraude. No fuimos partidarios del candidato, pues ya estaba electo, sino testificantes del timo.

En las elecciones del 82, Elmo Valencia y yo le hicimos el favor a Belisario de irnos con López, como se lo hizo Ernesto Samper al servirle de jefe de campaña (1), y García Márquez al ponderarlo como "el candidato providencial de la segunda oportunidad". Eduardo Escobar protestó indignado, esgrimiendo su poco temor al coco de turno, que era entonces el otro Álvaro, contra quien se esgrimía que sería el Torquemada de las libertades intelectuales.

Eduardo Escobar, columnista galardonado de EL TIEMPO, después de insistir en la estulticia de los colombianos, acaba de hacer una declaración de confianza en que Álvaro Uribe será el presidente de la concordia nacional, manso palomo de la paz en firme y pájaro bobo del amor desinteresado. Cosa que aprovecho para expresar que no creo ni de lejos y tengo la seguridad de que no cree su potencial de votantes. Todo el que quiere votar por él es para que haga la guerra total que no ha sido capaz de hacer nadie. No para que sea el bondadoso adalid que el poeta proclama. La misma Noemí, a quien profeso un amor sin medida pero sin militancia, me dijo la última vez que nos vimos, sin terminar de resignarse, cuando Uribe no mandó a nadie al encuentro por la cultura: "Este país quiere otra cosa, poeta".

"Representa un rancio empeño poético de reinventar la vida", dice el poeta rimbaldiano con la boca más llena que Gonzalo Arango cuando le dijera poeta de la acción al enano. Y como si fuera la señora de Uribe -y para no traicionar del todo su remota poética revolucionaria-, dice que su programa es de lo más parecido al de Garzón. Estoy seguro de que terminará por tragarse sus cordiales palabras.

Para terminar, aplaude a Uribe por utilizar el versito de Gonzalo Arango, en la presentación de su programa de gobierno, el mismo que había utilizado en mi campaña de seducción en busca del Sí de Noemí: "Una mano más una mano...". No hay derecho.

(1) "Si me hubiera ido con Belisario hoy sería ministro", le dijo Ernesto a López después de las elecciones. "Y yo sería Presidente", respondió López.

Tomado de El Tiempo, mayo 21 de mayo de 2002, página 1-15


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