|
Hector Louis Berlioz nació en La
Côte - Saint – André, Isère, el 11 de diciembre de 1803. Hijo mayor de un
reconocido médico que se encargó de su educación he hizo de él no solo un hombre
de una basta cultura sino que desarrolló su talento musical.
La influencia de la guitarra fue
mayor que la que ejerció el piano en él. Aunque empieza estudios de medicina,
pronto los abandona para dedicarse completamente al estudio de la música.
Empezó a componer piezas
musicales para grupos de cámara. Fue enviado a París donde asistió a las clases
de Lesuer y asistió al conservatorio con Reicha y Cherubini, que intentan
dominar su espíritu independiente, lo que produjo una alteración general en su
familia. Solo hasta 1830 recibió el Premio de Roma. Para esta época conoció a
Weber y a Beethoven que aun eran poco interpretados. Al descubrir las obras de
Goethe, conoce un mundo nuevo y la traducción del primer Fausto le inspira la
creación de su primera gran obra las Huit Scènes de Faust (1828).
Berlioz se enamora perdidamente
de la actriz irlandesa Harriet Smithson como sucedía con muchos jóvenes de la
época, pero su amor lo lleva a la locura. Sien embargo sigue trabajando y
obtiene un premio en la ciudad de Roma por la composición Sardanapale y termina
una gran obra que marcó época la Symphonie fantastique, que tuvo su primera
presentación el 5 de diciembre de 1830, antes de su cumpleaños número “27”.
Entre sus momentos trágicos esta
el rompimiento con su prometida la famosa pianista Camille Moke que luego se
iría a llamar Camille Pleyel, quien decide romper el compromiso de matrimonio
con Berlioz para casarse con un rico fabricante de pianos. De esta aventura
parten dos obras, la obertura Le Roi Lear (1831) y Le Corsaire (1831 – 1851).
Pero su decepción amorosa fue
intensa, más no duradera. A principios de 1833 se casa con Miss Smithson.
Poseía el don de la orquestación
reconocido por haber hecho del timbre un elemento de la estructura musical. Ya
que su naturaleza es de inspiración melódica, buscaba siempre desarrollar la
expresividad sin darle rigidez a las obras.
Escribe Harold en Italie (1834),
una obra sinfónica que como todas las composiciones de este tipo para esta
década resultan bastante costosas pagar su publicación. Luego obtiene un encargo
del Gobierno para componer una misa a la memoria de los “héroes de la
Revolución”. Obra que aunque de una gran virtud, acarrea grandes intrigas y
criticas a Berlioz a la vez que un gran éxito.
Para 1823 ya había iniciado la
critica musical con la famosa Gazette Musicale y el Journal des Débats, estos
medios oficiales le permitieron dar a conocer sus operas y también a ser
aceptado, reconocido y admirado. A la vez que componía Requiem, también componía
una ópera cómica denominada Benvenuto Cellini cuyo libreto era de Auguste
Barbier y A. De Wailly, y se cree que fue revisado por Vigny. Es considerada
como la composición musical más brillante de toda su producción por su
dramatismo que supera el texto y por la tensión creada por la música y no por
las palabras. La partitura sinfónica más importante al parecer es La Symphonie
funèbre et triomphale que para 1840 es encargada para celebrar el traslado de
las cenizas de los héroes de 1830. Esta obra suscitó la admiración de Wagner que
se encontraba en París. También compone una gran sinfonía dramática Romèo et
Juliette (1839).
Paganini le regala la suma de
20.000 a Berlioz, para que se dedicara a la composición. Realiza un viaje por
Europa Central durante 25 años sin descanso difundiendo su conocimiento e ideas
sobre orquestas u la composición de sinfonía. Durante su viaje conoció leales
amigos y muy duros críticos que no gustaban de su trabajo. Sin embargo siempre
le brindaron su apoyo. Sigue con su trabajo de escritura crítica y logra
terminar su Traité d’Instrumentation et d’Orchestration (1843).
El carácter dramático de sus
obras era una de las formas expresivas para decir que la música debía escucharse
en su esencia, pro si mismas y sin ningún pretexto o programación. Ella por si
misma debía bastar.
La revolución de 1848 lo
sorprende en la ciudad de Londres, allí conquistó al público ingles. Trabajó
durante estos años en una de sus más grandes obras Te Deum y termina sus
Memoires.
Afirmaba que el oyente debía de
ser sensible a la música sin buscar ninguna explicación o sugerencia auditiva.
Que debía emocionarse con su belleza y poner a caminar su espíritu con el propio
ritmo de la melodía.
Los últimos veinte años de
Berlioz (1850 – 1869) triunfa en el extranjero mientras el publico de París era
indiferente a sus obras, solo hasta 1854 cuando presenta L’Enfance du Christ
consigue la adhesión espontanea del publico parisiense. En 1855 animado por la
amante de Liszt la princesa Carolina de Saun – Wittgenstein, con la cual mantuvo
una importante y nutrida correspondencia, compone Les Troyens, basa en la Eneida,
esta era una idea de juventud que le lleva tres años de composición y al parecer
es reconocido como su “testamento musical”. Su última obra musical fue estrenada
en 1862, dotada de una gran exquisitez y refinamiento, conocida con el nombre de
Béatice et Béatice basaba en la obra de Beethoven Mucho ruido para nada. Según
el critico R. Fr. Goldmann “es la obra cómica más bonita que se ha podido
escribir después de Mozart. En 1865 pierde a su hijo y en 1867 tiene el valor de
continuar una gira por Rusia donde escribe sus ultimas páginas y dos años más
tarde muere en la ciudad de París el 8 de marzo de 1869.
TEXTO TOMADO DE:
HONEGGER, Marc. Diccionario de la música: los
hombres y sus obras Tomo II. Madrid. Espasa-Calpe, S.A. 1988 |