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GEORG FRIEDRICH HAENDEL (o conocido como
Händel) nació el 23 de febrero de 1685 en la ciudad de sajona de Halle, en el
seno de una familia acomodada aunque carente de una tradición musical al estilo
de la de su contemporáneo Johann Sebastìan Bach o de Domenico Scarkatti, también
nacido en 1685 y con quien le unió una fructífera amistad. Su padre, Georg
Haendel (1622 – 1697), barbero–cirujano que trabajaba por su cuenta, se había
casado en segundas nupcias con Dorothea Taust (1651 – 1730), veintiocho años más
joven que él, la cual complementaría la familia con tres hijos más, el
compositor y dos niñas. George Haendel era un hombre prudente como buen luterano
y buen burgués, respetuoso con las tradiciones y conocedor del libro sagrado. En
el seno de esta familia vivió sus primeros años Haendel rodeado por el afecto de
su padre ya anciano, algún hermanastro, sus dos hermanas y su madre por la que
sintió toda su vida un gran respeto.
En sus primeros años, el duque de
Sajonia-Weissenfels, después de escucharlo recomendó a su padre que desarrollara
las facultades musicales que poseía, fue así como empezó a recibir clases con
Friedrich Wilhelm Zachow, organista de la Marienkirche abierto de pensamiento,
que lo inició en el conocimiento no solo del órgano, sino también del clave, el
violín y el oboe, también le enseñó las bases de contrapunto, la fuga y la
instrumentación. Fue a su lado donde Haendel descubre una serie de técnicas y
métodos que repetiría de manera constante en las obras de madurez como las Arias
alemanas que fueron compuestas en su niñez.
Ya a la edad de 11 años, conoce de cerca la
corte de Federico III, y fue tanto el aplauso y la admiración que causó su
dominio del teclado, que el mismo rey le ruega a su padre que le dejara bajo su
protección para proporcionarle una formación adecuada. A pesar de esta oferta
regresó a Halle a continuar su formación humanística y por supuesto la musical.
Sin embargo, esta vida rutinaria de estudio y
práctica de la música no llenaba sus ansias musicales por más que en ocasiones
empezara a sustituir a Zachow en el órgano de la iglesia y que, en 1702,
obtuviera un contrato como organista de la catedral de Halle. Se cree que fue
esta época cuando conoció a Georg Philipp Telemann (1681 - 1767), con el que le
unió una amistad duradera. Finalmente, en 1703, no pudieron soportar el ahogo de
la rutina de maestro de capilla y terminados sus estudios en la universidad, se
trasladó a Hamburgo. A sus 18 años, Haendel poseía un dominio suficiente de casi
todos los aspectos de la música, pero se sentía enormemente atraído por el
género rey. El lugar más idóneo para satisfacer sus deseos era Hamburgo, que fue
la primera ciudad alemana en contar con un teatro de ópera, fundado en 1678. La
nueva forma teatral barroca, nacida a principios de siglo en Florencia, no había
fructificado antes en el centro de Europa a causa de la guerra de los Treinta
Años que había sumido a Alemania en una gran miseria cultural. Hamburgo fue, por
lo que respecta a la ópera alemana barroca, lo que Venecia a la italiana.
En esta ciudad entabló una fructífera amistad
con Johann Matasen (1691 - 1764), teórico e historiador de música que se
convirtió en profesor, introductor en los círculos culturales y a la vez alumno
de Haendel. Esta amistad juvenil hecha de confidencias y de necesidades llevó a
ambos amigos a Lübeck, en la que el anciano Dietrich Buxtehude (h. 1673 - 1707)
iba a dejar su supuesto de organizar en la Marienkirche a quien lo mereciera y
aceptara a la vez casarse con su ya no joven hija. Con estas condiciones ambos
amigos rechazaron el cargo.
A la vuelta, Matheson proporcionó alumnos a
Haendel para que pudiera mantenerse y lo hizo ingresar en la orquesta de la
Ópera hamburguesa, circunstancia que le permitió, de modo excepcional, conocer a
fondo el nuevo género, que se nutría principalmente de obras italianas y
francesas. Este conocimiento tan de primera mano de la ópera tocó hasta tal
punto la fibra musical del joven Haendel, que desde entonces la mayor actividad
de su vida se desplegó en esta dirección.
Reinhard Keiser (1674 - 1739, por entonces
director de la Ópera de Hamburgo, no supo aceptar el éxito haendeliano de la
Pasión según San Juan (1704), que fue recibida con menos críticas que la suya, y
de la primera ópera, Almira, estrenada el 8 de enero de 1705; tanto en una como
en otra Haendel dio muestras de su gran capacidad para reunir diversos
elementos, como son las arias italianas, las referencias a la cantata alemana y
alguno de los motivos del propio Keiser, en un conjunto muy homogéneo.
Poco después el público, que no supo
comprender la transparencia orquestal de la que Haendel empezaba a hacer gala,
rechazó su segunda ópera, Nero (1705), y éste, como buen perdedor, se retiró a
la espera de ocasiones mejores, componiendo entre tanto algunas Sonatas, algunos
de los conciertos para oboe y parte del Klavierbuch aus der Jungenzeit, libro
para iniciarse en los instrumentos de teclado.
La quiebra de Keiser como empresario al frente
de la Ópera hamburguesa fue la causa decisiva de que aceptara la invitación de
Gastón de Médicis, hermano del gran duque de Toscana, para viajar con él a
Italia. Las especulaciones sobre qué habría sido de la ópera alemana barroca si
el éxito hubiese sonreído a Haendel son vanas; el compositor llevaba en su seno
un potencial que fue abonado en Italia y desarrollado en las duras batallas
londinenses. La realidad es que con la partida de Haendel en 1706 se certifica
la defunción del género en del genero en Alemania hasta la aparición de Gluck,
Mozart y Hadn, en la segunda mitad del siglo. Haendel marchó a Italia,
ilusionado por las noticias que tenía de la vida musical florentina, pero sus
ilusiones se vieron pronto defraudadas porque, aunque la corte mantenía a
Alessandro Scarlatti (1660 - 1725 ) como compositor de óperas y oratorios, el
ambiente general de indiferencia hacia la música era decepcionante. A principios
de 1707 decidió trasladarse a Roma, donde tocó en San Juan de Letrán e hizo las
primeras composiciones sobre los salmos Laudate pueri Domino, Nisi Dominus y
dixit Dominus, que muestran influencias de su antiguo profesor en Halle, por una
parte, y de las novedades que iba conociendo en sus viajes, por otra, ya que en
los primeros meses de estancia en Italia se dedicó al estudio de los
compositores italianos de moda, Benedettó Marcello (1686 - 1736), Giacomo
Carissimi (1605 - 1674) o incluso los dos Gabrieli (Andrea, h. 1515-1586, y su
sobrino Giovanni, 1557-1612).
La grandiosidad armónica y el sentido
dramático que iban impregnado las obras del compositor alemán le permitieron
entrar en los círculos musicales romanos. El cardenal Colonna le encargó algunas
obras destinadas a la virgen y el cardenal Ottoboni, que se había rodeado de
músicos de la talla de Domenico Scarlatti (1685-1757) o Antonio Caldara (h.
1670-1736), le recibió en sus veladas musicales de los miércoles, para las que
compuso algunas obras. Pero, consciente de la necesidad de escribir obras de
mayor envergadura y ante la imposibilidad de estrenar alguna ópera en Roma por
falta de un local adecuado, se trasladó de nuevo a Florencia. Allí, en verano de
1708, estrenó Rodrigo, que fue acogida con éxito suficiente como para que
Haendel creyera llegado el momento oportuno de lanzarse a la conquista de
Venecia. Su estancia en la capital italiana de la ópera, a la que llegó lleno de
esperanzas, no se plasmó en nada concreto cosa que conocer más a fondo la ópera
de Alessandro Scarlatti y sus contemporáneos.
En Roma tenía puertas abiertas por su
extraordinario éxito florentino y, con ayuda de Domenico Scarlatti, logró
estrenar los oratorios. Las Resurreziones (1708) e II trionfo del Tempo e del
Disinganno (1707), en sesión dirigida por Corelli. Su amistad con el hijo del
gran Alessandro Scarlatti fue muy fructífera y les llevó a competir, de modo
amistoso, por el predominio sobre el teclado; si bien Haendel hubo de reconocer
la maestría de Domenico en el clave, el sajón superó al italiano en el órgano.
También con ayuda del napolitano logró entrar en los círculos de la Academia
Arcadia, una de las tantas instituciones fundadas con la finalidad de promover
la cultura a su más alto nivel. Para los miembros de la Arcadia compuso un
centenar de cantatas profanas de formato muy diverso, y que se distinguen por su
gran calidad musical.
En mayo de 1708 partió a Nápoles con Scarlatti,
donde permaneció hasta el mes de julio. Esta ciudad era, en German, la sede de
la nueva escuela operística llamada a renovar el género a lo largo del siglo
XVIII. Acogido con grandes honores, recibió el encargo de componer una cantata
para la boda del duque de Alvito, Aci, Galantea e Polifemo (1708), y escribo
además 7 arias francesas, una cantata española, No se enmendará jamás, repleta
de elementos aprendidos en las tierras del sur, y y una ópera bufa, Agrippina,
que no sería estrenada hasta el 26 de diciembre de 1709 en el teatro de San Juan
Crisóstomo de Venecia y cuya apoteósico éxito le valió el reconocimiento
internacional.
Cuando Haendel parecía decidido a quedarse en
la ciudad de los canales para sacar el máximo provecho de su éxito, recibió la
tentadora oferta de ocupar la plaza de maestro de capilla de la corte de
Hannover. Abandonó, pues, Italia en 1710 y se dirigió a Hannover, para no volver
hasta nueve años más tarde en busca de cantantes para sus óperas. La estancia en
Italia, en la época en que el Barroco llegaba a las más altas cotas en el campo
de la música para teatro y en el de la música de cámara, fue, como puede
fácilmente intuirse, de gran importancia para el caro sassone. Como muy bien
suele decirse, Haendel ya no pudo escribir como lo hacía antes de este viaje.
Con el gran sentido de la oportunidad que
siempre le caracterizó, Haendel no firmó el contrato con el elector de Hannover
sin antes introducir una cláusula que le permitía disponer de un permiso de 12
meses. A finales de 1710, es decir, pocos meses más tarde de la firma de la
firma del contrato, Haendel marcó a Londres. LA corte londinense, falta de
estímulos musicales autóctonos desde la muerte, quince años antes de Henrry
Purcell y ante la generosidad de la pléyade de mecenas que iban surgiendo, se
fue llenando de músicos que importaban las tradiciones italiana, germánica y
francesa. En el campo de la ópera, contando sólo con una obra de la envergadura
del Dido and Aeneas purcelliano, Londes era una sucursal de Italia, abierta
plenamente a esta actividad teatral con el furor que suele caracterizar a los
nuevos ricos.
Precedido de la fama que ya formaba parte de
su personalidad y que había llegado incluso hasta oídos de la reina Ana, pocas
semanas después de su llegada, en febrero de 1711, Haendel pudo estrenar la obra
Rinaldo en el King's Theatre, que se basó en un texto inspirado en la Jerusalén
liberada de Tasso y el Orlando el furioso de Ariosto. El éxito de la
representación permitió al compositor reincorporarse a su cargo de Kapellmeister
en Hannover, con la seguridad de haber conquistado el aprecio de la ciudad que
pronto sería la suya para el resto de sus días.
En Hannover, cumpliendo con los deberes de su
oficio, escribió algunas sonatas dedicadas la esposa del elector. Pero ante la
imposibilidad de representar su Rinaldo a causa de la inactividad del teatro
local, y debido a la atracción cada día más fuerte que sentía por Londres en
1712 pidió de nuevo licencia para trasladarse a la capital británica, donde se
instaló definitivamente. Allí, a finales de 1712, estrenó II pastor fido y Teseo,
pero su escaso éxito, que no permitió pasar de unas pocas representaciones,
inclinó al compositor a retirarse discretamente de escena para estudiar la
situación y abrirse camino por otros senderos.
Hábil político, supo ganarse el favor de la
reina Ana compuso una oda para conmemorar su aniversario quien consiguió que se
encargara a Haendel, a pesar de ser extranjero, una obra para conmemorar la paz
de Utrecht con la que finalizaba la guerra de Sucesión de la corona española que
había enfrentado desde los primeros años del siglo a franceses y españoles
contra austríacos, ingleses, prusianos y portugueses.
El Te Deum "Utrech" y el y el Jubilate "Utrecht",
cantados el 7 de julio de 1713 en la catedral de San Pablo, fueron el primer
gran éxito cortesano que confirmó la categoría del Haendel como compositor, que
ya sabía sacar un buen partido de los grandes acordes y los silencios, los
cuales, sumados a los ritmos saltarines, daban a su obra una majestad muy
oportuna para conmemorar la ocasión. Su privilegiada posición se vio, sin
embargo, seriamente comprometida con la muerte súbita de la reina en 1714 y con
la coronación de Georg-Ludwig de Hannover, con el nombre de Jorge I, como nuevo
rey. Haendel se vio ante la triste situación de tener que buscar el apoyo de su
antiguo soberano, al que años antes había dejado plantado. No era extraño que el
monarca buscase congraciarse con sus nuevos súbditos y que para ello aprovechase
el prestigio internacional de que gozaba Haendel; es más, incluso lo llevó
consigo en el viaje que efectuó a Hannover en 1716, viaje que permitió a Haendel
componer una Pasión, conocida como Pasión Brockes, por ser éste el autor del
texto que serviría más adelante para Keiser, Telemann y Johann Sebastián Bach.
De nuevo en Londres, Haendel compuso una de
sus obras instrumentales de más prestigio, la Música acuática, estrenada en
julio de 1717. Hasta entonces, alojado en Londres en casa del conde de
Burlington, Haendel no había ofrecido más que obras ocasionales ya que, de
momento, necesitaba situarse y buscar punto de apoyo. El primero de ellos le
vino con la invitación del duque de Chandos, mecenas enriquecido, que le recibió
en su fastuoso palacio de Cannons a finales de 1717, en el que permaneció hasta
1719.
En Cannons el sajón se inició en un género que
le proporcionó una gran gloria: la música vocal de inspiración religiosa en
lengua inglesa. En el palacio ducal compuso la serie de anthems conocidos como
los Chandos Anthems, inspirados en los salmos bíblicos, así como la nueva
versión de la cantata profana Acis and Galatea (1718), sobre texto de Hhn Gay, y
la primera versión del oratorio Hamman and Mordecai conocido como Esther (1718).
Este período marcó a Haendel la línea a seguir en su actividad musical
posterior.
En el año de 1719 Haendel ocupó el cargo de
director musical de la Royal Academy of Music, viajó a Italia a reclutar
primeras voces, para iniciar la temporada en 1720, logrando su primer éxito
apoteósico con Radamisto, que se basó en un texto de su colaborador Nicola Haym
(1678 - 1729) inspirada en los Anales de Tácito para mostrar el conflicto entre
el amor y la política. El éxito inclinó a Haendel a pedir al rey un privilegio
de protección de derechos de autor, lo que da idea de lo peligrosas que
empezaban a ser la ediciones piratas de las partituras haendelianas.
Poco después los compositores Giovanni
Battista Bononcini (1670-1755) y Filippo Amadei (1690 - 1730)fueron contratados
por los empresarios de la Royal Academy para completar las temporadas. Este
hecho supuso un duro golpe para el compositor sajón, pues el público empezó a
decantarse por las primeras composiciones llenas de aire sensual de Bononcini.
Herido en su orgullo, Haendel escribió a marchas forzadas, arrancando éxitos
sonados con Ottone (1723), Giulio Cesare y Tamerlano (1724), Rodalinda (1725),
Scipione, Alessandro y Admento (1726-1727).
Lo que en principio no debía ser más que una
de tantas querellas entre artistas para imponer determinados gustos musicales
acabó con la victoriosa consagración de Haendel. Sin embargo, la rivalidad entre
las sopranos Francesca Cuzzoni la Parmigiana (1700-1770) y Faustina Bordoni
(1693-1781), que llegaron incluso a agredirse en una representación de Bononcini
el 6 de junio de 1727, ante la presencia atónita del público y del príncipe de
Gales, muy pronto a acceder a la corona. Aunque el prestigio el prestigio de
Haendel no decayó, puesto que se le encargaron los Coronation Anthems, cantados
en la coronación de Jorge II y el 11 de octubre de 1727, la ópera y todo cuanto
estaba relacionado con ella quedaron heridos de muerte. La Royal Academy fue
disuelta en 1728. Ante esta situación, y como ya era habitual en Haendel, se
retiró de la escena para recuperar fuerzas y reconsiderar la situación. Dos años
después, junto con Johann Jakob Heidegger, empresario de King's Theatre fundaron
una sociedad musical con el mismo nombre, Royal Academy of Música, que obtuvo
del rey el permiso para reutilizar el material de la antigua sociedad. Haendel
marchó de nuevo a Italia en busca de voces. Allí fue recibido con entusiasmo por
los círculos musicales italianos a los que son duda había llegado el eco de sus
éxitos londinenses. El músico aprovechó el viaje para visitar en Halle a su
madre, que, ciega como después lo sería su hijo, estaba viviendo sus últimas
semanas.
La segunda edición de la Royal Academy of
Music estuvo jalonada de fracasos. Las nuevas óperas no gustaron. Debido a ello
Haendel tuvo que recurrir a éxitos anteriores para completar la temporada.
Además, las voces no estaban a la altura de las exigencias del público, viéndose
en la necesidad de contratar al célebre castrato de nombre Senesino, que ya
había figurado en la primera sociedad. Estrenó un buen número de óperas: Poro,
rèdell'Imdie (1731), Ezio (1732), Sosarme, rè di Media (1732), todas ellas según
libreto de Pietro Buonaventura Metastasio (1698-1782), que se estaba imponiendo
como libretista de moda debido a sus conocimientos históricos y escénicos, y
Orlando (1733), inspirado en el texto de Ariosto. Para completar la temporada
recurrió al oratorio en inglés Dehorah (1733), que obtuvo un éxito aceptable.
Para colmo de la situación, un grupo de nobles
aliados por razones de tipo político y amparados por el príncipe de Gales,
descontento con la actividad de la Royal Academy protegida por su padre el rey,
fundaron en 1733 la Nobility Opera. La nueva compañía contrató al célebre
castrato Carlo Broschi, llamado Farinelli (1705-1782), a la Parmigiana, al
compositor Nicola Porpora y a la compañía de Haendel. Su socio Heidegger, viendo
mejores ganancias y mayor prestigio en la nueva institución, ofreció el año
siguiente el King's Theatre a la Nobility. Si en la primera Royal Academy of
Music Haendel fue director musical y en la segunda socio de la empresa, en la
tercera, que fundó en 1733, fue el alma y pronto el único socio, debido
enfrentarse solo a un enemigo fuertemente pertrechado. La Nobility contrataba lo
mejor del mercado y las obras de Porpora y Hasse (compositor amigo de Haendel
que no rechazó la oferta de la nobility por estar casado con la soprano
Francesca Cuzzoni) se fueron sucediendo con bastante éxito.
A partir de 1734, en el Convent Garden y con
una compañía de aficionados, Haendel se vio obligado a componer, rehacer obras
anteriores e incluir oratorios, conciertos para órgano y concerti grossi en los
programas. La batalla se presentaba a todas luces desproporcionada y acabó con
las fuerzas del compositor empresario.
En 1737, ambas compañías se vieron obligadas a
cerrar a causa de la muerte de la reina Carolina. Al fracaso de la compañía de
Haendel vino a sumarse un amago de infarto que obligó al compositor a descansar
en un balneario. Con esta absurda batalla política - operístico, Londres cerró
definitivamente las puertas a la posibilidad de crear una escuela operística
autóctona. Habrá que esperar hasta el siglo XX para que esto se haga realidad.
En el breve lapso de tiempo que va desde el
fracaso de la compañía hasta su definitiva ruptura con la ópera en 1741, Haendel
estrenó todavía Faramondo (1738), Serse (1738) y Deidamia. Estos años son
representativos en la biografía de Haendel por sus obras líricas italianas, sino
por otro tipo de creaciones: su Opus 5 (sonatas para diversos instrumentos y
bajo continuo), los doce Concerti Grossi del Opus 6, el primer grupo de
Conciertos para órgano del Opus 4, la Oda para la festividad de Santa Cecilia
(1739) y los oratorios Saúl (1739) e Israel en Egipto (1739).
Debemos hacer aquí mención de la gran
capacidad de trabajo que poseía Haendel; cuando veía claro el camino y la prisa
lo atenazaba, se sumergía en la composición de forma obsesionada; Ello explica
que pudiera componer a contrarreloj para sus temporadas teatrales o que cuando
recibía encargos urgentes, como el acontecido a la muerte de la reina Carolina,
compusiese en sólo cinco días, en plena batalla con la Nobility Opera, el
Funeral Anthem (1737), que no es una obra de encargo fría y distante.
Haendel fue adiestrándose en el campo del
oratorio en lengua inglesa que ya cultivaba desde hacía largos años. Pero su
gran contradicción interna entre sus intenciones y los gustos cada vez más
determinantes del público burgués londinense acabaron por convencerle de que
debía aceptar la invitación de William Cavendish y para 1741 se trasladó a
Dublín, donde dio una larga serie de conciertos de abono formada por sus obras
más relevantes en el campo de la música vocal.
Terminada esta temporada, Haendel se dedicó
permanentemente al nuevo género, pero no fue solamente una opción económica lo
que lo llevó a dejar la
.Ópera por el oratorio, también su fervor
religioso que quedó plasmado en su música.
Haendel no fue un músico artesano dependiente
económicamente de un príncipe o de una alta jerarquía eclesiástica, como era
habitual en su época, sino que a su debido tiempo supo prescindir de esta
sujeción y organizarse su propia actividad musical.
Si bien es cierto que muchas de sus obras,
sobre todo las instrumentales y algunas de las vocales, fueron compuestas por
encargo de una institución o de un personaje de la nobleza, los géneros que
dieron prestigio al compositor - la ópera y el oratorio - fueron creados en un
ambiente de libertad relativamente amplio para le momento que estamos
considerando. Haendel tenía fama de buen vividor y se preocupó siempre que su
economía particular no fuera nunca deficitaria; poseía una pensión de 200 libras
que le había concedido la reina Ana y que los sucesivos monarcas ingleses le
fueron renovando; sus conciertos dedicados a conmemorar ocasiones señaladas
fueron ampliamente remunerados y además las diferentes ediciones de la Royal
Academy of Music le proporcionaron siempre unas ganancias netas que estaban muy
por encima de lo que un músico de la época podía aspirar a ganar con sus
composiciones.
Es lógico, pues, que Johann Sebastián Bach
intentara acercarse a tan pretigiosos compositor y que no lo lograra a pesar de
sus dos intentos. Haendel era más famoso, y prueba de ello son los retratos que
del compositor nos han quedado así como la estatua debida a L.F. Roubiliac
colocada en los jardines de Vauxhall. Estas obras muestran a un hombre de mirada
tranquila, apacible y bien alimentado, seguro de sí mismo, un hombre que, a
pesar de las muchas dificultades que tuvo que afrontar, supo ganarse la
confianza de todos los que le rodearon.
Ningún compositor ha mostrado unas dotes
melódicas tan fértiles y tan variadas. Haendel era maestro en la composición de
todos los tipos de canciones y en todos los pasajes melódicos elaborados,
formados frecuentemente a partir de elementos formales y rítmicos diferentes, y
que, sin embargo, al oído aparecen perfectamente naturales. Su armonía, sobre
todo en las obras del período italiano, puede parecer tan compleja y tan audaz
como la de Bach. En
Empieza a declinar en el año de 1751, después
de una operación de cataratas en el año de 1752, quedó casi totalmente ciego
pero, hasta el final de su vida, continuó dirigiendo sus oratorios desde su
puesto ene l teclado. Era ayudado por su discípulo y amigo J.C. Smith el joven,
al que dictaba sus intenciones hasta 1758, The Triumph of Time and Truth (1757),
que se considera frecuentemente como su última obra importante, es algo más que
una traducción inglesa del oratorio italiano de 1737, II Trionfo del Tempo e
della Verità (que es también una revisión de una composición de 1707. Murió tras
varios días de enfermedad el 14 de abril de 1759, y fue enterrado el 20 en
Westminster Abbey por petición propia. Un monumento de Roubillac, que ya le
había esculpido en 1739 la estatua de Vauxhall Garden, fue erigido en su
memoria.
TEXTO TOMADOS DE:
HONEGGER, Marc. DICCIONARIO DE LA MUSICA: Los
hombres y sus obras. Vol.1. Madrid. ESPASA - CALPE. 1988. 609 p.p |