DÍA DEL PADRE


 
Antecedentes Históricos 

Este día especial está casi unánimemente acreditado a la Sra. Sonora Smart Dodd, oriunda de Washington, D.C., Estados Unidos, quien sugirió la idea de la celebración en 1909.

Su padre, el veterano de la Guerra Civil William Smart, enviudó mientras su esposa daba a luz a su sexto hijo. A pesar de las circunstancias que le esperaban, Smart no renunció a criar a sus seis hijos, incluido el recién nacido.

Al crecer Sonora Dodd, pudo reconocer con claridad la fuerza y dedicación de su padre al criar a todos sus hijos solo. Sonora propuso la idea de celebrar un “día del padre”, en honor a su querido padre. Ella quería destacar el importante papel del padre en la sociedad, en la educación y formación de valores de sus hijos.

La fecha elegida originalmente fue el 5 de junio, día del cumpleaños del Sr. Smart, pero se pospuso hasta el 19 de junio, el tercer domingo del mes, pues no había tiempo suficiente para los preparativos. En 1910, en Spokane, Washington, se celebró el primer Día del Padre como hoy se conoce.

Por ese mismo tiempo, en otras ciudades de Estados Unidos también la gente comenzaba a celebrar la fecha. Aunque algunos consideran a la Sra. C. Clayton, de Virginia, como la creadora de este festejo, la mayoría de las historias coinciden en acreditarlo a Sonora Dodd.

Desde entonces, llevar una flor era la forma tradicional de celebrar el Día del Padre. Sonora dedicó la rosa roja para honrar a padres aún vivos, y cualquier tipo de flor blanca para honrar la memoria de padres fallecidos. J.H Beringer, quien también promovió estas celebraciones desde los inicios en Washington, eligió la lila como la flor del Día del Padre.

La justicia prevaleció. ¿Si las madres ya contaban con su día, por qué los padres no habrían de tener también su fecha especial?

Harri C. Meek, presidente del Club de Leones de Chicago, Illinois, Estados Unidos, se formuló esta pregunta y siguió trabajando en la idea de congratular a los padres y, en 1915, el sueño se hizo realidad. Pronto esta fiesta se fue haciendo más popular y, con el paso de los años, las tiendas y almacenes se vieron llenos de hijos amorosos y agradecidos que querían felicitar a su padre por el cariño dado por medio de un regalo.

En 1924, el presidente Calvin Coolidge dio apoyo a la idea de crear un día nacional del padre, y dos años más tarde se reunió por primera vez en la ciudad de Nueva York el Comité Nacional del Día del Padre.

Una resolución del Congreso de los Estados Unidos en el año 1956 reconoció la práctica de honrar al padre dedicándole un día especial. Diez años después, el Presidente Lyndon Johnson proclamó oficialmente el Día del Padre como una fiesta nacional, y en 1972 durante su presidencia, Richard Nixon firmó una ley que establecía en forma permanente la celebración del Día del Padre en el tercer domingo de junio.

A partir de 1966 la celebración se esparció rápidamente a Europa, América Latina, África y Asia.

POEMAS AL PADRE:

PATERNIDAD (Porfirio Barba Jacob, 1883-1942)


Un viejo triste, huraño, sórdido,
cruzo mi tierra maternal.
Tras lo turbio de sus pupilas
hallé tan sólo ruindad.
¡Cuan malo es! -dije en mí mismo-
¡que no le vea nunca más!
Si no reprimo mis cóleras
los perros le voy a azuzar.

Después -¡oh hermosura de la vida!-
de aquel horrible hombre en pos
iba un niño por el sendero,
y en el sendero una flor.
Un vaso de agua con voz pura
me pidió por amor de Dios;
tembloroso y lleno de lágrimas
dije: -¡Por amor suyo te lo doy!

Era aquel niño vivo y fino
y lindo cual lirio de abril;
a través del cristal yo veía
de su boca el puro rubí.
-Pequeñuelo, te doy mi granja,
mi pan, mi afecto: mora aquí.

-Mi viejo padre gana el pan de cada día
y es dichoso en mi amor.
Yo comprendí...

¡Oh plenitud! Y desde entonces
a ningún padre odio jamás;
toda miseria le redime
una corona paternal.
Quien tiene un niño sublima el mundo
y lo nutre de eternidad!


EL PADRE! (Héctor Rojas Herazo, 1921-2002 )

Era una sombra,
la vaga referencia
de un retrato en la pared,
la ausencia de su amonestación
entre la infancia.
Miraba lentamente sus arrugas,
(las tocaba)
sus ojos que seguían adivinando mis ojos
y aquella amable cólera que rizaba su frente.
El silencio lo volvía una cosa viva,
alguien que estaba allí, que seguía padeciendo,
que buscaba en mi sangre, en su sangre,
prolongar un enigma que viajaba en sus venas.
Acá, del otro lado del retrato,
el día eran los almendros,
las hojas en el polvo,
el tedio con el lijo de sus plumas de oro.
Y allá sus duros ojos, su ondulante cabello,
su corbata y sus labios comidos por la muerte.
Padre, decía entonces, soñaba entonces, suplicaba
entonces,
padre mío,
no te olvides de mí, no me abandones.
No olvides que te miro y espero.
No te olvides de ti olvidando a tu hijo.

PADRE, LO QUE MÁS DUELE... (MARUJA VIERA, 1922- )

Padre, lo que más duele de tu ausencia
es no poder hablarte.
Todo esta igual en esta casa tuya
y la música invade
la armonía tranquila del domingo y la lluvia.

Se ríe exactamente igual que si estuvieras.
Todavía la madre tiene dulces los ojos
y el hermano sonríe con la misma sonrisa
y la hija te busca, para contarte sueños.

Exactamente igual sería, pero callas.
Lo más definitivo de tu ausencia, lo duro,
es no poder hablarte. Sabiendo que no escuchas
sentimos que perdieron su objeto las palabras.

Hasta el nombre del niño pierde un poco de lumbre,
porque no está en sus letras tu voz dulce de abuelo.
Y de pronto nos hiere, por tu rostro disperso,
tu rostro que te copia, suavemente pequeño.

Todo está igual y ahora yo no encuentro mis pasos
y la música vuelve sin llegar a tu oído.
Sobre la mesa el pan ya no aguarda tus manos
y está el papel en blanco y están quietos los libros.

Maeterlink nos enseña que cuando recordamos
a los que ya se han ido, nos ven llegar a ellos.
Esta mañana tibia te buscan mis palabras
y mi amor infinito, mas allá del silencio.


CANCION PARA ARRULLAR A UN PADRE (BEATRIZ ZULUAGA, 1933)

Ahora que a tus años te has vuelto tan pequeño
Puedo llevarte en el cuenco de mi mano,
Mano-abrigo, mano-nido que recoge
tu ritmo ya cansado.
Y cuento tus latidos padre-pequeño ahora
Como yo fui pequeña y también anhelaba caber
en el puño de tu mano.
Te llamo y no puedo desligar tu memoria
del árbol, de la rama, del fuego,
de mi primer vocablo, de la bruja y el hada.

Tu estatura entonces copaba entera
La puerta de mi alcoba y de mi alma.
Pero cuando ya estás cansado
y se encogen tus carnes y tus nervios,
pero crece tu corazón, casi no necesito hablarte
sino sentirte, si, simplemente sentirte
para llegar allí donde nace tu anhelo,
donde teje Penélope el recuerdo.

Porque tú y yo estamos hechos de memorias
y los dos estuvimos unidos al mismo cálido cordón
umbilical de mi madre.
Y somos guardadores de sueños,
constantes vigías del pasado,
somos los centinelas de otros días,
los recogedores de ecos,
los cazadores de nostalgias.

Todo lo que tenemos nació en la misma casa
al calor de las mismas frazadas
sobre la misma mesa
donde tú con tu mano de padre
nos diste a todos el vino, el pan
y el agua clara.

BIBLIOGRAFÍA:

Día del padre / material recopilado por Javier Cano. -- Medellín: [S.n.], 1999. -- 43 h.

Poemas al padre / selección y prólogo de Rogelio Echavarría. -- Santafé de Bogotá : Panamericana Editorial, 1997. -- 164 p.

Poemas al padre: antología / David Bonells. -- Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1972

 

EN INTERNET:

Especial Terra: Día del Padre