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¡Blanca, ella siempre está bien! ¿y tú?

 

Su nombre es Blanca Ruth Cano Herrera, es nuestra enfermera de los libros, ella tiene las manos que los cose, compone, une. la mano que ata, y lucha contra todas las cosas que afectar la forma de ese objeto concreto que llamamos libro.

“Nuestra Blanquita es sinónimo de servicio, humildad y generosidad. Siempre está atenta y dispuesta a colaborarle a la gente sin mayores reparos. Con sus ocurrencias, dichos y chistes hace que se alegre el espacio en el que se encuentra, permitiendo a los que estamos a su alrededor que se nos pinte en nuestros rostros una sonrisa, cura esencial para el alma. Gracias blanquita por dejarnos disfrutar de tu presencia. “

Gloria Aleyda Soto Villegas.

 

Le preguntamos a Blanca sobre su familia y esto fue lo que nos contó: Estuve casada por 22 años con Marco Aurelio Betancur, a quien le debo el ingreso a la BPP, fue él quien me enseñó y me transmitió todos los conocimientos que sé sobre la encuadernación. Con él tuve 2 hijas: Liliana y María Alejandra, ellas me dieron la fortuna de ser abuela de Daniel de 18 años y Helen de 4 añitos, a quienes amo mucho. Ahora tengo otra pareja y ¡me siento feliz!”

¿Hay algo en la vida que no se pueda reparar?

“Creo que todo puede ser reparado, pero al igual que los libros después de una reparación, no quedan en su estado natural; siempre quedaran huellas de los daños sufridos. Lo mismo sucede con las personas, cuando por alguna razón les hacemos daño; por mucho que les pidamos perdón siempre quedaran las cicatrices. Cuando estoy cosiendo un libro mis pensamientos son diversos; pienso en lo que tengo pendiente por hacer, en las actividades que tengo que hacer en la casa, en los nietos, en mis hijas. Recuerdo que la primera vez que tomé un libro en mis manos, fue en la escuela, el libro se llamaba La Alegría de Leer, y con él aprendí a leer. Todos los días lo hojeaba y miraba todos los dibujos que tenía.”

Regálenos tres momentos de su vida: de niña, adolescente y adulta

Siendo niña me tocaba cuidar a mi hermanito. Un día nos pusimos a jugar con una bombilla de carro y se nos quebró y me asusté mucho, me escondí detrás del cajón que había debajo de la cama.

Cuando llegaron los mayores no me encontraron, el niño estaba sólo y me empezaron a buscar; me encontraron dormida debajo de la cama detrás del cajón, pero no me castigaron, les dio risa, éramos dos pequeños de 9 y 5 años.

De adolescente: en aquel momento no le caía bien a un vecino, siempre pensé que me tenía rabia, porque cuando tenía la oportunidad me insultaba. Yo quería encontrar la oportunidad de desquitarme; un día, mi vecino regresaba de la tienda con un huevo en la mano, y yo con propósito se lo tumbé. El vecino se puso a llorar, salí corriendo con susto y pesar, por haberle quebrado el huevo de mi vecino. Hoy después de muchos años, aún recuerdo este suceso con mucha culpa, por haber tomado venganza con mi vecino.

De adulta me gané una beca para asistir a una capacitación en Bogotá, organizada por la Universidad de la Salle y la Biblioteca Nacional. Fue un logro muy importante para mi oficio de encuadernadora, pero a nivel personal fue muy caótico, porque era la primera vez que salía de mi casa por un período largo de tiempo y, además, era la primera vez que montaba en avión. Durante este viaje aprendí mucho sobre mi quehacer y no olvidaré el momento en el que me caí, en una de las calles por las que nos dirigíamos al Museo de Arte Moderno; todos se preocuparon mucho, pero después de ver que nada grave había pasado, surgieron las risas.

Blanca continúa acompañando al equipo de restauración liderado por la profesional Alejandra Garavito, con su buen humor y cordialidad. Los compañeros recordamos los momentos de diversión y calidez que siempre acompaña a Blanquita. Por eso cuando te la encuentres y la saludes en cualquier corredor, siempre te saludara con esta expresión: ¡Bien y tú!

 

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