• Búsqueda de libros, revistas, folletos o mapas.
  • Búsqueda, consulta y visualización de fotos, audios o documentos
  • Búsqueda de libros, revistas, folletos o mapas en cinco diferentes bases de datos.
  • Centro de Documentación del Departamento Administrativo de Planeación - DAP.

Gabriel Jaime Vanegas Montoya

Nací a los seis meses de gestación, un 24 de enero de 1974. Salí luchando por vivir y me levanté gracias a los cuidados de mi madre Blanca Cecilia, a su dedicación y esmero, y al saber de los médicos y enfermeras de la Unidad de Prematuros del Hospital San Vicente de Paúl en Medellín, en un momento en el que ser prematuro y superar los primeros años de vida era un milagro. Es decir, el que va a nacer nace.

Descríbanos lo que más recuerda de su infancia: Lo más significativo de la infancia es cuando juegas y el juego media en las maneras como aprendemos del entorno y de la vida, más divertido aun cuando lo hacemos con otros.

Los recuerdos son innumerables y llenos de gratitud y enseñanzas, tengo muy presente cuando aprendimos a coger las frutas del solar de la Casa Grande en el Barrio Buenos Aires, donde vivíamos con mi madre, dos hermanos menores, el abuelo Luis Alberto Montoya (El Ñato) y el tío Juan Humberto, hermano menor de mamá.

 

    

El tío nos hizo un regalo y nos mostró otro camino, pues ya no teníamos que esperar a que los mangos cayeran del techo y nos dieran en la cabeza, nos enseñó a montarnos a los palos, a coger los primeros mangos y naranjas. Esa fue una tarde de fin de semana, en una de tantas vacaciones de escuela; tumbamos muchos y logramos llenar varios bultos y canecas, fuera de los que nos comimos, pero nos dimos cuenta que el tío Juan se los había llevado, supongo que para hacer negocio.

Pero como al marrano no lo capan dos veces y uno aprende, hasta ese día el tío volvió a verlos. En adelante siempre estábamos atentos a observar cuando florecían los palitos y calcular el crecimiento y maduración de las petacas de mangos. Así que cada vez que había cosecha nos dedicábamos a comer mangos y naranjas, trepados con todos los primos y algunos vecinos. Cuando mi tío llegaba, ya estaba pelao el palito, pues lo que sobraban los vendíamos para ayudar en la casa y nos sobraba hasta para mecatear.

Y cuando me refiero a mecatear era todo lo que supiera rico y nos permitiera compartir con otros: La mejor morcilla donde Doña Ana, los biscochos en la panadería, pandequesos y rollos de donde Don Fabio, cremas donde Anita, recortes de parva en bolsa de papel en la tienda de Don Leo, arroz inflado de colores; cofio, minisigüi y cocaitas en la ventanita donde Rita Mora; confites de aguardiente y morita de Rosita, entre muchas otras cosas. Como los mangos eran gratis, nos los comíamos trepados en el palo o en el techo de teja de barro, naranjas dulces, mango viche, mangos maduros con sal y limón. Lo malo era el reproche, cuando nos decían “no coman tanta sal y limón que eso es malo…” o cuando mi mamá preguntaba por los cuchillos de la cocina que se perdían. 

¿Cómo llego a la Piloto?: A la Biblioteca Publica Piloto llegué por dos razones, una es que se me acabaron los libros que tenía para leer en la casa donde vivía con Berta Ardila, mi bisabuela. Ya había pasado por la literatura de Silvia, su hija, mi abuela muerta, y el legado sindicalista y socialista de mi padre. Habiendo leído todas la novelas de la Editorial Reader’s Digest, que sacaba la revista Selecciones; La colección de cuadernillos de poesía El Arco y La Lira, editada por Jorge Montoya Toro con el sello editorial Horizonte; El Llamado de la Selva de Jack London; La María de Jorge Isaac; Dejé mis lágrimas en Moscú de Bárbara Armonas; libros de nogsticismo y brujería, La Naranja Mecánica y toda la literatura de izquierda que tenía Calos Omar, cuando pertenecía a las juventudes sindicalistas de Colombia.

A esto  se sumó que convirtieron el potrero donde había vacas y jugábamos, a dos cuadras de la casa, en frente de la Plaza de Mercado de Campo Valdés, en una Biblioteca Filial de la Biblioteca Piloto, la Juan Zuleta Ferrer.

Mucho tiempo después, después de tardes enteras dedicado a leer todo lo que me gustaba y de participar en muchísimas actividades, me aprendí la organización de las colecciones y comencé a trabajar allí.

Es una persona reconocida por inquieta y travieso en el saber, sí pudiera juntar todo lo que sabe en un oficio o profesión, ¿cómo se autodenominaría esa profesión?: Puedo decir que me declaro vivo y lo que he hecho es hacerme preguntas e intentar resolverlas tratando de encontrar su sentido y de manera incansable, por muchos caminos y con otras personas. Creo profundamente en el derecho a disentir y en el poder de los argumentos. 

¿Qué es para usted la creatividad?: Sin pretender seguir desgastando esa palabra que se ha convertido en una etiqueta y a veces sin sentido, creo que la creatividad puede ser muchas cosas, por ejemplo: todas las posibilidades que surgen desde las necesidades y de los problemas concretos, de la acción colectiva e individual, que nos lleva a buscar caminos y asumir los riesgos frente lo que tememos, frente a lo nuevo e inexplorado. Comprender que a veces no se trata de inventar o crear algo nuevo, deslumbrante o fuera de este mundo, sino que se trata de valorar lo que sabemos hacer y que ya hemos resuelto. Es decir, aprender de la historia y avanzar hacia donde sea que tenga qué hacerse y con lo que ello implique. Dejarse asombrar y divertirse en el proceso, jugar con el conocimiento para resolver situaciones reales.

¿Qué considera fundamental para desempeñar bien un oficio  sin importar la profesión?: Yo lo resumiría en palabras de Sir Nicholas Winton, la humanidad requiere ser menos egoísta y solitaria debe actuar con “Ética y compromiso”.

A esto se suma que en lo público no es suficiente limitarse a las funciones, es necesario buscar el sentido de lo que se hace y llevar el servicio más allá del chulito que dice: cumplí por mí. Estar en alerta permanente, siempre en emergencia para no dejarnos domesticar…

¿Cuál fue su primera experiencia en una biblioteca?: La primera experiencia en la Biblioteca o la más traumática era cuando uno llegaba a consultar y a leer y siempre me encontraba con Rosalba Peña, una bibliotecaria que hoy recuerdo con cariño, pues de tanto pelar conmigo y de tanto insistir en que había que saludarla y pedir el favor, me cansó. Ese día decidí que no me la aguantaba más y sólo por eso, aprendí a manejar el catálogo manual lleno de fichas, cosa que me ha servido desde siempre.

Dicen que cuando un lee un buen libro, no vuelve a ser el mismo. Recomiende un autor, un tema y un libro que considere tiene para usted ese poder trasformador y ¿por qué?: muchos son los libros y las lecturas que han sumado, perturbado y restado a mi vida. Por ejemplo, la poesía siempre ha sido un refugio para mí, siempre regreso a Mario Benedetti y a su libro Inventario. No se puede dejar de lado a Marc Bloch fusilado por los alemanes por ser francotirador de la resistencia y quien escribió en la cárcel su texto “Introducción a la Historia”. 

Y como dejar de lado todos aquellos textos que se han convertido en tema permanente de consulta e inspiración en los últimos años, como  son “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información” de Pekka Himanen; “Cultura libre libro, cómo los grandes medios usan la tecnología y las leyes para encerrar la cultura y controlar la creatividad” de Lawrence Lessig; “Software libre para una sociedad libre” de Richard M. Stallman y el “Contrato social de Debian”; “Del deber de la desobediencia civil” de Henry David Thoreau y el “Discurso de la servidumbre voluntaria o el contra uno” de Étienne de La Boétie, entre muchos cientos de otros.

¿Qué le parece la incorporación de las Nuevas Tecnologías en las bibliotecas? ¿Son necesarias o se podría prescindir  de  ellas?: La biblioteca está en mora de hacerse las preguntas que considere necesarias y en el deber de emprender todos los esfuerzos que le permitan llegar a  sus propias respuestas. Eso sí, no lo puede, ni debe hacerlo en solitario. Debe incluir a sus pares y sus usuarios.

Algo curioso que le haya pasado dentro de su profesión y que recuerde con una sonrisa. 

Todas las experiencias de aprendizaje y construcción con la comunidad en la Biblioteca San Javier-La Loma (La Montaña), entre 2003 y 2015. Este ejercicio de implementación de Comunidades de práctica en Bibliotecas Públicas nos enseñó muchísimo, como Biblioteca aprendimos del contexto, aportó al capital social de la comunidad (a fortalecer los hilos que hacen que en medio de las dificultades se siga en pie); sumaron los proyectos de vida de los cientos de personas que pasaron por el Proyecto HiperBarrio y la Comunidad de práctica ConVerGentes.

Además, aprendimos a proyectar imaginarios y a construir proyectos basados en la Cultura Libre, donde se tomó conciencia de trabajo en comunidad, de la participación con otros, de compartir y liberar lo aprendido. Todo gracias a la sumatoria de las voluntades y energías de los amigos y sus parches a las búsquedas permanentes por el sentido de lo local y a la conversación global. Allá aprendimos que hay vida más allá de La Loma y Medellín, al conectarnos con el mundo global a través de Global Voices y Rising Voices.

Con esto aprendimos y creemos profundamente en ConVerGentes que “Si no es divertido no lo hacemos, y divertido es diferente a entretenimiento”. Aprendimos que los logros y premios y reconocimientos son importantes, pero a veces distraen. Es necesario seguir trabajando con dedicación  y humildad en las búsquedas propias y colectivas, pues sabemos dónde arrancamos pero no donde vamos a parar…

¿Qué beneficios y desventajas encuentra en los actuales momentos de la relación del binomio internet-biblioteca?: La Biblioteca no es ajena al entorno y al contexto, pero también le ocurre que el que “Al que no sabe para dónde va cualquier bus le sirve? Es por ello que debemos resolver nuestras propias preguntas, apuntar a las necesidades y no hacerlo en solitario, es necesario hacerlo con otros. Con los pares, con los iguales, con los que no piensan igual y disienten.

El internet potencia las posibilidades de la esfera pública, de la conversación local y le pone un reto  a la biblioteca pública que la invita a ocupar su espacio e desarrollar narrativas producto de la construcción con otros.

 

© 2010  |  Biblioteca Pública Piloto de Medellín para América Latina | Carrera 64 No. 50 - 76 | Tel. 4600590