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Jorge Franco: su “flashback” de Medellín.

 

Una ciudad de figuras monstruosamente humanas, perforada por intereses y defendida por todo tipo de violencias y contundentemente armada; la de la trinidad del mal, el que paga el gatillo, el jinete de la moto y la bala rezada. Golpeada por el dolor de los más vulnerables y hambrienta por la falta oportunidades; son parte de las contornos y escenarios donde transcurren y hasta se padecen las historias del escritor Jorge Franco Ramos. La Medellín de los años ochenta y noventa, donde el pulso entre legalidad y delincuencia puso aprueba la moral y la confianza de toda una sociedad. Cuando muchos quieren olvidar, Jorge Franco vuelve con sus palabras a exorcizar un pedazo de la vida de Medellín, aquella que, como un fantasma, un espectro, de nuevo se nos aparece; la misma que aún no digiere los más de 6.000 muertos en una década y que para algunos es preferible borrar del mapa de la memoria, enfermarse a voluntad de la peste del olvido o resignificar hasta anular todo mal recuerdo. Dicen que la memoria es selectiva pero la de Franco por Medellín es reiteración, sevicia literaria y eterno retorno.

Jorge Franco Ramos vino a la luz de Medellín-Colombia, en 1962. Estudió Literatura en la Universidad Javeriana y realización cinematográfica en la London International Film School. Aunque el autor expresó para un medio español, cuando llegaba a recibir en el 2014 el premio Alfaguara de novela que, el cine no era lo suyo, pero sí la escritura; no puede negar su atracción gravitacional cuando sus relatos han obtenido continuas invitaciones para ser realizados en el cine, como fueron las dos adaptaciones al gran formato y a la televisión de Rosario Tijeras (1999) y Paraíso Travel (2001).

“Vi tal frenesí, tal estrés… El hecho de que casi tendría que ejercer como líder para llevar los egos de esos artistas hacia la idea del director se me hizo complicado”. Un amor se iba, pero otro entraba. La escritura en soledad: la literatura a palo seco. “Es más cercana a mi personalidad. Soy sedentario, me gusta el silencio para trabajar y el cine es lo opuesto a todo esto”.

Algunos analistas de su obra ven a sus personajes balancearse en una cuerda de equilibrista al borde de un abismo, entre el bien y el mal, una especie de Tarantino de la literatura que no condena, que no censura moralmente a sus personajes, sino que los hace víctimas, por más matones que sean, de su propio y desafortunado destino.

Sus primeros pasos en las letras los dio en el taller de literatura de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín al lado de Manuel Mejía Vallejo. Su primer reconocimiento lo recibió en 1996 al recibir el Premio del Concurso Nacional de Narrativa: Pedro Gómez Valderrama, por “Maldito Amor”; luego siguieron: el premio Nacional de Novela y la beca a la creación del Ministerio de Cultura de Colombia.

El Premio Alfaguara es uno de los grandes reconocimientos a nivel internacional realizado por la prestigiosa editorial Hispana, premio al que le han antecedido: José Saramago, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Fernando Savater, entre otros.

Aunque Franco resida en Bogotá, sus libros siempre vuelven a Medellín: lugar de infancia. “He intentado escribir con otros escenarios, pero me siento incómodo. Bogotá es una ciudad que lleva años en medio de un caos urbano y social que me arrincona en mi estudio para no salir. Medellín es la ciudad de la infancia, y también está la marca que dejó la violencia. Se ha creado una relación muy fuerte, de amor-odio casi. Lo he intentado en un par de historias, pero al final vuelvo a ella. Y he llegado a un punto en que no voy a pelearme más con eso. Es más que un lugar. Si yo saco a los personajes de ese lugar se comportarían de otro modo, es como el caldero donde surgen todos los sentimientos”.

Pero las obras de Jorge Franco pueden no gusta a ese sector de la población que percibe como inútil y auto tramposo auscultar el pasado de violencia de la ciudad. Al respecto expresó Franco para el diario El Tiempo en septiembre de 2018, luego de la Publicación de su última novela “El Cielo a Tiros.”

Los escritores estamos en nuestro derecho de contar nuestra realidad. Mucha gente ha dicho que hay un afán comercial detrás de estos temas para yo lucrarme con ellos. Pero no, es mi ciudad, es el lugar donde crecí, el lugar que vi venirse abajo, que vi renacer luego, el lugar que a veces tiende a repetir la historia, a caer en los mismos errores. Entonces son cosas que me confrontan constantemente, y por eso las cuento.

En Medellín hay muchas voces, están las que siguen haciéndole eco a esa fuerza del narcotráfico, hay otras que hacen esa resistencia que han hecho desde siempre, y hay otro grupo que constantemente está protestando cuando se tocan estos temas, que es el grupo que dice: “Esto no se ventila”, “de esto no se habla en público”, “hemos trabajado mucho por mejorar la imagen de Medellín para que sigamos hablando de narcotráfico, para que siga habiendo series”. Y bueno, es muy respetable, yo tengo mi teoría, la he tenido siempre, de que todo país, toda cultura tiene derecho a contarse a sí misma, es incluso una necesidad, a través de todas las posibilidades artísticas, el teatro, el cine, la televisión, la literatura.

Con El Cielo a Tiros, Franco concluye una trilogía “no planeada y no cronológica” de las múltiples violencias, que, en otro grado, aun asoman sus agazapadas cabezas en Medellín y que la ciudad y sus habitantes trabajamos con ahincó por superar.

 

Bibliografía.

  • El cielo a tiros, 2018
  • El mundo de afuera, 2014
  • Santa suerte, 2012
  • Melodrama, 2006
  • Paraíso Travel, 2000
  • Rosario Tijeras, 1999
  • Mala noche, 1997
  • Maldito amor, 1996

 

 

 

 


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