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La autora del mes: Laura Restrepo

Una buceadora en un mar de papel

Laura Restrepo Casabianca nace en Bogotá- Colombia, en 1950. Es hija de una familia paternalmente tradicional y en donde la figura masculina tendría un gran peso sobre las decisiones familiares. La ausencia definitiva del progenitor será determinante para la escritora en su elección por el mundo de las letras y el periodismo.

Recuerda la periodista y escritora que su padre era un próspero hombre de negocios, poliglota y cosmopolita, que no encontraba en la educación convencional un vértice para las capacidades de su hija, pero sí un abanico de posibilidades en el mundo de la literatura y la cultura.

En sus primeros años de vida Laura recorrerá diversos lugares fuera de Colombia, al igual que los demás miembros de su familia, como parte de los atavíos del corazón de su papá, quien, pese a su movilidad y trashumancia, siempre viajaría en compañía de la familia.  Con apenas 9 años, Laura se lanza en la construcción de su primer relato de corte social, tema que la acompañará a lo largo de su universo literario, al igual que el estilo periodístico.

Una vez regresa a Colombia, y con la imposibilidad de haber asistido a la escuela formal, decide validar ante el Ministerio de Educación Nacional el bachillerato, con el interés de postularse a la universidad. Ingresa a la Universidad de los Andes al diplomado de Filosofía y Letras, posteriormente realiza el posgrado de Ciencias Políticas. Entonces se vincula a la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad del Rosario como docente en Literatura.

Pero si la literatura fue su escuela, ¿quiénes fueron sus maestros?; en un chat en el que la escritora participó rodeada por lectores y seguidores, para el diario el País de España, la prosista colombiana afirmó tener importantes nexos con la literatura de los estadounidense William Saroyan y John Steinbeck, y el griego Nikos Kazantzakis, autores que conoció y disfrutó en compañía de su papá.

Al ser interrogada por sus libros más entrañables hace referencia a la poesía de Antonio Machado, San Juan de la Cruz y César Vallejo; todos ellos como los libros sobre los que más retorna su interés y mirada.

A Laura también se le preguntó sobre la escritura electrónica y su abundante presencia en el mundo contemporáneo, ella afirmó: “Me seduce la cantidad infinita de lectura a través de lo electrónico, pero sigo siendo mala para leer en pantalla, por eso creo que me apego al papel.”

Laura: una buceadora en los mares infinitos del periodismo trabajó como periodista para diversos medios impresos en Colombia y en el exterior, y como pocos, aceptó actuar como corresponsal en conflictos: la ocupación de Granada, la revolución sandinista en Nicaragua y los conflictos internos en Honduras.

Trabajó decididamente por los Acuerdos de Paz que se desarrollaron con el grupo armado Movimiento 19 de abril (M19) exaltación que la llevo a producir “Historia de un entusiasmo”, obra que hace una radiografía del proceso y que le valió el exilio por amenazas de muerte. Por aquel período conoció a Gabriel Garcia Márquez, quien la animaría en la afirmación y construcción de un tono propio y personal. Se residencia en México y vive un periodo de tiempo en Argentina, donde presencia las luchas sociales contra la dictadura y la restauración de la democracia.

En aquellos lugares en que estuvo exiliada, escribe, produce y ejerce el periodismo sin descanso. Laura es colombiana, pero sus textos gustan en todo los entornos y librerías donde exhiben sus obras. Sus más de 10 novelas, una obra de cuentos, reportajes y un libro de poesía para niños de nombre “Las vacas comen espaguetis”; la convierten en una de las más prolíficas creadoras literarias de finales y comienzos de siglo.

Con su novela Delirio, gana el Premio Alfaguara en el 2004. Su casa editorial realizará nuevas reediciones de parte de su obra y la invitará a ser jurado de futuras versiones de su estimulo literario.

Al ser interrogada por una de sus lectoras: ¿Por qué deben escribir las mujeres? ¿Hay una literatura femenina? Y ¿Hay algo diferente en la literatura de mujeres? La escritora responde: “Como lo decía Marguerite Yourcenar, la literatura no tiene género. Sin embargo, hay temas que solo atañe a las mujeres, que nadie puede explorar mejor que las propias mujeres.”

Laura Restrepo en su más reciente novela “Los divinos” aborda uno de los casos más recientes de la lista de barbaries y monstruosidades que a diario se registran los medios en Colombia: el abuso y posterior asesinato de una niña, en una de las zonas más pobres y marginales de Bogotá a manos de un Arquitecto; nos referimos al caso de Yuliana Samboní. El relato escrito y apoyado en un tono periodístico, como lo expresa su autora, convierte este suceso tan doloroso en el mejor símbolo de la violencia social, raíz que siempre ha tratado de desentrañar en su prosa y por la que no iba a dejar pasar una historia como la de la niña. “Por amor a ella, a la diosa ninfa” “la ninfa del bosque, la pequeña de las lágrimas”, nos dice Restrepo. Por amor a Yuliana, la niña que jamás olvidaremos, porque se quedó en nuestros corazones para siempre sembrada, en representación de la injusticia, de la desigualdad, y de los otros niños inocentes que han muerto a causa de la brutalidad y crueldad humana, mucho de ellos hoy en el olvido.

Que sus letras, sus mares y papeles, inunden la Biblioteca Pública Piloto en el mes de marzo. Un mes para leer a las mujeres. A las mujeres maravilla. Para leer a las amigas y a las hermanas libres. Un mes para hablar de las madres y de la vida. De las niñas que hoy quieren ser pilotos. De las que no tienen pelo. De las nuevas mujeres. De los hombres mujeres. Un mes para leernos y leerlas en la BPP.


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