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Moby Dick y la oscura obsesión por una ballena.

 

Nacido en Nueva York en 1819, Herman Melville pertenece a un periodo clave de la literatura norteamericana del siglo IXX y de la literatura occidental conocido como romanticismo.

Su padre, quien tenía parentescos con algunas familias de la burguesía británica y norteamericana, apenas podía mantener a flote un negocio de importación de productos europeos, éste debió acudir en repetidas ocasiones a la ayuda de la familia hasta declararse en bancarrota. Agotado psicológicamente, murió de manera repentina en circunstancias poco claras, pero con patrones de un suicidio encubierto. Dejó a una viuda y ocho hijos, cuatro mujeres y cuatro hombres.

Herman Melville, era el segundo de los varones y el tercero en la línea familiar. Cuando su padre murió contaba los doce años. La muerte del padre supuso una debacle familiar que obligó a los hijos mayores a dejar los estudios y al traslado familiar desde Nueva York a Albany, en el mismo Estado, donde Herman Melville fue empleado en un banco local. Pasó luego a desempeñar diversos oficios, entre ellos el de maestro rural, lo que indica que a pesar de su falta de estudios oficiales había logrado adquirir una cultura relativamente amplia.

Presa del desempleo y la crisis económica, a los 20 años se alistó como grumete en un barco mercante con ruta a Liverpool. En 1841 trabajó a bordo del Acushnet, un ballenero. Luego vivió en las islas Marquesas, en el Pacífico Sur, lo que inspiró su primera novela, Taipi. Después sirvió en más balleneros y en una fragata de EE UU. Estas experiencias le proporcionaron material para escribir Moby Dick, y Melville pensó que sacaría provecho del interés popular por las aventuras marinas; pero, para cuando se publicó, luego de dos años incansables de trabajo, el gusto del público se había desplazado hacia las novelas del Oeste, y Moby Dick no tuvo el éxito en vida esperado por su autor.

Debieron pasar varios años desde su publicación en 1851 y la muerte de Melville, para que Moby Dick fuera juzgada y valorada como una gran obra de la literatura norteamericana con amplios elementos interpretativos: un relato de aventuras, un tratado sobre la vida de las ballenas y balleneros, y ante todo, una compleja reflexión sobre la condición humana simbolizada en la búsqueda de la venganza y la obsesión por matar del atormentado capitán Ahab.

Ahora, sumerjámonos en la novela, grande como una ballena y llena de datos sobre el mar y sus especies, a unos esto podrá parecerles aburrido, a otros interesante y divertido; en todo caso la novela es una búsqueda, que es a la vez aventura y maldición, y cuyos polos son el capitán Ahab y el enigmático y gigantesco cetáceo Moby Dick —la Ballena Blanca—, dos figuras magnéticas, poderosas, complementarias. Por un lado, el sombrío capitán mutilado, con el alma desgarrada por la sed de venganza, a quien no le importa empujar a los hombres a una caza encarnizada, infatigable, obsesiva, aunque el precio a pagar sea el más alto; y por el otro, Moby Dick, ese cachalote espectral, escurridizo e invencible, venido de las profundidades, una alegoría del mal y del mar en el que Ahab y el resto de los marineros del Pequod vierten miedo y odio.

 

El Romanticismo Oscuro de Moby Dick

En la primera mitad del siglo XIX se desarrollaron en Estados Unidos dos ramas del Romanticismo. Una, representada notablemente por Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau, hermosas las obras las de Thoreau, definidas como trascendentalismo: un movimiento idealista centrado en la creencia en el alma, o “luz interior”, y en la bondad innata del hombre y la naturaleza. La otra fue el llamado “romanticismo oscuro”, que adoptó una visión menos optimista de la naturaleza humana; en una reacción contra el idealismo trascendentalista, autores como Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne y Herman Melville exploraron a un ser humano propenso al mal y a la autodestrucción.

Ambas tendencias reconocían una energía espiritual en la naturaleza, pero sí los trascendentalistas la veían como un canal mediador entre Dios y la humanidad, los románticos oscuros eran menos optimistas respecto a la imperfección humana. Veían la naturaleza como manifestación de verdades oscuras y misteriosas que el hombre enfrentaba por su cuenta y riesgo.

Todo lo que encrespa los nervios y embota el cerebro; todos los tenues avernos de la vida y el pensamiento; toda maldad estaba para el demente capitán Ahab encarnada en Moby Dick. En su obra de las décadas de 1830 y 1840, los exponentes del romanticismo oscuro retrataron a menudo a individuos que fracasaban en sus intentos de suscitar un cambio positivo. Atraídos por el horror, lo sobrenatural y lo macabro, así́ como por el sufrimiento y la tragedia, les fascinaban la propensión humana al mal y las consecuencias psicológicas del pecado, la culpa, la venganza y la locura. Tales elementos, también presentes en la literatura gótica, prepararían el terreno para la literatura de terror moderna. Como las verdades que los románticos oscuros pretendían revelar eran primitivas e irracionales, recurrieron al uso del simbolismo: una forma de expresión que prescinde de la pura razón. Edgar Allan Poe escribió́ relatos y poemas que presentan tétricos motivos como personas enterradas vivas, mansiones decadentes o un cuervo que atormenta eternamente al poeta desde el dintel de su puerta por la muerte de Aurora. Nathaniel Hawthorne, que encontró́ sus propias pesadillas en la hipocresía del puritanismo, escribió́ sobre la vergüenza y el pecado oculto.

En el presente año se cumplen los 200 años del natalicio del escritor estadounidense Herman Melville y a pesar de que su novela no goce hoy de los placeres del consumo masivo, ella es sinónimo de lucha, misterio, aventura y fuerza. Es tal vez una de las obras de más adaptaciones para el cine, el teatro y la televisión.

En la década de los sesenta una agrupación británica, que rompió todos los estándares del Rock creó una pieza, un solo de batería, a manos del talentoso John Bonham, donde el percusionista pareciera tocar durante 25 minutos la lucha incesante y agónica de un monstruo del mar que se resiste a morir, nos referimos a ‘Moby Dick’ de Led Zeppelin.

Es Melville probablemente el precursor de la novela norteamericana, quien como otros no vio el éxito en vida, pero dejó una obra clásica para la literatura universal.

 

Otras obras claves:

  • 1846 Taipi.
  • 1853 Bartleby, el escribiente.
  • 1857 El estafador y sus disfraces.
  • 1888–1891 Billy Budd (publicada póstumamente en 1924)

 


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