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GABRIEL CARVAJAL PÉREZ/
fotógrafo-artista.
Gabriel Carvajal Pérez
fotógrafo-artista, mención digna para un hombre que durante sesenta años
ha mirado a través del visor de su cámara fotográfica, registrando un
Medellín y una Antioquia que se han desarrollado gracias al empuje de
pioneros de la industria y el comercio.
Al estudiar su archivo de
150.000 negativos, encontramos desde 1940, personajes de la vida
nacional, reinas, políticos, poetas, escultores y otros artistas,
paisajes de toda Colombia, calles de Medellín en diferentes épocas,
edificios, parques como el Berrío y Bolívar, los trabajos de
rectificación del río Medellín, la construcción de la Plazuela Nutibara,
y en gran volumen, lo que fue el proceso de construcción de las
centrales hidroeléctricas de Antioquia.
Pero no es tan importante
el registro fotográfico, sino la forma como lo hizo: luz, ángulos de
visión, lentes y cámaras apropiadas; hay una estética de la imagen muy
bien lograda en cada una de sus fotografías. En su última exposición en
la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, en marzo de 1999, encontramos
una faceta de Don Gabriel desconocida por muchos: el manejo del color y
la textura de la madre tierra, creando obras de arte pictórico, dignas
de figurar en muchas colecciones privadas.
Lo más digno de Don
Gabriel es su personalidad, serio pero amable, sabio pero sin egoísmos,
es todo un profesional de la fotografía; quienes lo conocemos de cerca
nos sentimos orgullosos de poder compartir momentos para hablar de su
vida y disfrutar visualmente de todas y cada una de sus obras.
Jaime Osorio Gómez
Fotógrafo investigador
SEMBLANZA DE UN ARTISTA.
Colombia comenzó el siglo
XX con la otra Guerra de Mil Días que no afectó mucho a Antioquia por su
aislamiento geográfico. Era una época en la que el transporte estaba
cifrado en la arriería, aunque ya se daba paso a otros medios de
transporte con el ferrocarril de Antioquia y Amagá. Las tiendas y
almacenes de los pueblos los surtían los arrieros con gran variedad de
productos en telas, paños, encajes, ropa de vestir, utensilios para el
hogar y de uso doméstico. A principios del siglo, en Medellín, todo giró
en torno a la plaza de mercado de Guayaquil. Allí llegaban todas las
mercancías y los fardos procedentes de Europa para los 55.000
medellinenses en la primera década del siglo. Medellín exportaba cerca
de 300.000 sacos de café, y oro y plata por más de tres millones de
pesos. Las mercancías pasaban por las manos de los comerciantes
medellinenses quienes a su vez surtían a los demás poblados de
Antioquia. La seriedad y la honradez caracterizaron los negocios y la
puntualidad en los pagos.
Entre 1905 y 1928 la
población de Medellín se duplicó y las áreas construidas aumentaron unas
ocho veces, el desarrollo de la ciudad fue jalonado por la Sociedad de
Mejoras Públicas que se conformó en 1899 e impulsó la realización de
obras de ordenamiento urbano, dotación de entidades de beneficencia,
creación y organización de los correos urbanos, establecimiento del
Bosque de la Independencia, la creación de escuelas, restauración del
Teatro Bolívar y edificación del Instituto de Bellas Artes. Guayaquil
fue el centro de negocios de Medellín hacia 1925, y donde cualquier
actividad pública que se realizara concentraba a los habitantes en la
plaza, ya que el resto del tiempo era una vida rutinaria, de personas
vestidas con ropajes idénticos, oscuros y dedicados al comercio y a los
negocios menores.
En esta época y lugar de
la ciudad en una familia de artesanos y artistas, nace el 21 de agosto
de 1916 el personaje a quien dedico estas líneas : Gabriel Carvajal
Pérez. Sus abuelos, don Álvaro Carvajal Martínez y doña Rosa Lía
Quintero de Carvajal, nacieron en Donmatías, municipio al norte de
Antioquia y levantaron una familia de 11 hijos. Fueron los fundadores
del Taller Carvajal, donde se desempeñaron como verdaderos artistas de
la escultura, la talla y la pintura.
La familia de don Gabriel
Carvajal fue conformada por su padre, don Evelio Carvajal, escultor
antioqueño reconocido, quien trabajaba el tallado, restauración y
decoración de las imágenes de las iglesias de Antioquia y su madre doña
Ana Pérez, quien levantó 9 hijos: Mario, Anita, Marta, Lia, Eduardo,
Alberto, María Elena, José Miguel y Gabriel el mayor de los hijos.
Del taller de don Evelio
salió buena parte de la imaginería religiosa que se encuentra en los
templos de Antioquia y del país, igual que estatuas y bustos de héroes y
personajes de la vida nacional. Su tío Constantino tuvo igualmente
taller de escultura. En su actual estudio de fotografía, hay una bella
fotografía donde aparecen sus tíos y abuelos paternos. Don Evelio
trabajó la arquitectura cuando vivió en el municipio de Envigado, hizo
construcciones como el Palacio Municipal. En este lugar estuvo el taller
de escultura hasta que se trasladó a Medellín al sector de la Alhambra
con la calle Maturín.
Allí nació don Gabriel y
son pocos los recuerdos que tiene de esta época.
En un principio el taller
de escultura se llamó Taller de Carvajal Hermanos y posteriormente
Taller de Constantino Carvajal cuando fue trasladado a Bolívar con
Amador, hasta los últimos días en que terminó el taller. Para esta época
se habían retirado del taller, Álvaro, el mayor de los tíos, quien se
fue con Miguel Ángel a Manizales y montaron el taller de escultura;
Rómulo se retiró y se fue a Sonsón a montar su taller donde vivió hasta
su muerte. Los otros tíos de don Gabriel siguieron trabajando en el
taller de Constantino, a excepción de Julio que se dedicó al comercio,
manejó el estanco principal de la fábrica de licores, el cual quedaba en
Palacé con Boyacá es decir donde queda hoy la Plazuela Nutibara.
Filiberto el menor de los tíos de dedicó a estudiar Medicina y se fue a
París hasta terminar sus estudios. Cuando regresó abrió consultorio
frente al Club Unión y fue el primer médico que hizo transfusiones
sanguíneas. Luego se fue a Manizales y a un par de pueblos de Caldas
donde ejerció para regresar a Medellín donde murió.
Los otros tíos Carvajal
trabajaron en forma permanente en el taller de escultura, y cada uno de
ellos tenía una especialización en su trabajo, Roberto se dedicó a
tallar mármol, hacía bajorrelieves para lápidas, todavía quedan algunos
recuerdos en el Cementerio de San Pedro o de los ricos; Miguel Ángel era
el especialista en maderas y fue quien fundó
con Álvaro el Taller de
Manizales; era el encargado de preparar las maderas en la fabricación de
imágenes, lo cual era sumamente importante, ya que las madera tenían
ciertas condiciones,
había que encargárselas a ciertos madereros de confianza, porque debían
ser árboles de cierta edad, cortados en determinada época del año y
secarlas en forma vertical y eso sólo lo sabía él, en cuanto a calidad,
conservación y abertura, además era el encargado de cortar y acoplar un
bloque de madera con otro, hasta dar una forma inicial del santo que se
había de hacer, Miguel Ángel sabía como pegar esas madera porque sobre
esa se iba a hacer la escultura definitiva y era la base que había de
trabajar otro más especializado del taller.
Don Evelio, hacia algunas
obras de esculturas, en especial altares y decorados de iglesias y que
iban no solo pintadas y doradas en muchas partes y al mismo tiempo hacia
ciertas esculturas para el mismo trabajo. Constantino fue pintor y
escultor, amigo del maestro Francisco Antonio Cano, estuvo en Europa
estudiando escultura, igual que Rómulo quien hizo escultura; y Argemiro
que trabajó escultura en cuestiones de tallar maderas y preparaciones
especiales para la escultura y el trabajo en el taller.
Don Gabriel iba al taller
de escultura a curiosear, especialmente los libros sobre esculturas, de
origen europeo. Según el volumen de trabajo del taller, participó como
aprendiz en acabados de esculturas y fundición y se le dejaba la
restauración de los santos pequeños que llevaban deteriorados. Los tíos
de don Gabriel se los guardaban para que los hiciera en tiempo de
vacaciones y al final del año lo tomaba como un oficio, que le generaba
unos centavos que servirían para comprar libros y cuadernos al año
siguiente. En más de una ocasión le tocó trasnochar durante la fundición
de un cristo rey de grandes dimensiones. Don Gabriel se consideraba como
una persona que tenía habilidades para desarrollar los trabajos en el
taller, era un trabajo de mucho detalle, de pulimento y había que tener
cierto cuidado y este trabajo no era para cualquier aprendiz. Su tío
Constantino era el maestro principal en esta enseñanza.
Don Gabriel, cuando usted
vivía en la casa taller de Maturín con la Alhambra, que recuerdos
existen y que considere fueron importantes para usted ?
“Mi primer recuerdo
gráfico fue la caída de Salvita, que lo presencié desde la esquina del
taller en la Alhambra, vi cuando Salvita se colgó del trapecio. Salvita
era el astronauta de esa época, el globo se enrolló, y el tipo se vino
abajo y cayó a la estación del ferrocarril. El padre Germán Posada, que
era vecino nuestro, salió en carrera para la estación y allí presenció
la sacada de Salvita.
Don Gabriel, que fotógrafos estaban
ubicados en la zona ?
Lo único que recuerdo es
la fotografía de Benjamín de la Calle quien estaba en Carabobo y tenía
su exhibición de fotografía sobre la calle. Eso fue más tarde cuando yo
frecuentaba el taller que quedaba en Bolívar con Amador, donde se hacían
esculturas religiosas para las parroquias del departamento y de la
nación. Mis tíos me recomendaban cuando yo iba de mi casa que quedaba en
Pichincha con Cúcuta, hacia el taller de escultura, no pasar por
Carabobo que era la vía corriente, sino por Bolívar para evitar la
fotografía de Benjamín de la Calle, era muy peligroso pasar por allá,
porque al fotógrafo le gustaban los muchachos.
Hay una anécdota que
usted alguna vez usted me contó y tiene que ver con Constantino y la
parte artística que hizo que usted no fuera pintor ?
Nosotros íbamos a pasar
vacaciones a Gómez Plata donde mis abuelos maternos y estando allí llegó
mi tío Constantino a pasar vacaciones donde unos tíos que vivían en
Carolina, eran mineros, los Quintero, Julio Quintero y hermanos. En una
de esas ocasiones, Constantino como todos los pintores, andaba con una
caja de lápices y papelitos, para tomar apuntes de paisajes y cosas que
le interesaba pintar y estaba dibujando, me acerqué a observar y
curiosear porque me llamaba la atención y al ver esto me dijo que si me
gustaba mucho, no me fuera a dedicar a eso porque con la pintura y la
escultura, la profesión de toda la familia, me iba a morir de hambre,
que me consiguiera algo que me produjera, que me dedicara a otra cosa y
después pude comprobar que la escultura, la profesión de mi familia no
era rentable.
Don Gabriel, creció en
una ciudad de vida tranquila, donde se iba a pie a la escuela y luego a
la secundaria en el Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia, en
el sector de San Ignacio, hasta que decidió irse con su tío Julio al
municipio de Armenia a buscar otros horizontes. Julio trabajó como
farmaceuta de la Botica de los Isazas durante varios años. En Manizales
fundó la farmacia El Ruiz y en Armenia las farmacias El Ruiz y La Perla.
La farmacia El Ruiz era administrada por Don Gabriel hasta su
liquidación, porque apareció algo que le llamó más la atención, la
instalación de teléfonos automáticos con los suecos de la Ericson.
Trabajo en la instalación de las plantas de Armenia, Manizales y
Medellín.
Al terminar la
instalación de la planta de Armenia, un amigo de don Gabriel, tenía una
pequeña fábrica de mechas para yesqueros que son las mismas que hacen
cordones para vestidos de baños y cortinas, trabajó con él mientras
conocía el rodaje y hacía las prácticas. Consiguió unas máquinas y las
instaló en Medellín y empezó a producir cordones. En el tiempo que
transcurría entre instalación de plantas telefónicas, salió a vender
cordones al Valle del Cauca, Caldas, Santanderes y Cundinamarca. Dejaba
las máquinas trabajando y cuando volvía tanto los ayudantes como las
máquinas estaban paradas y nuevamente las ponía a trabajar y así
funcionaba bien el negocio. Durante la segunda guerra mundial se
dificultó el suministro de cordones para teléfonos y cable telefónico,
un cable negro retorcido que iba por las aceras y se dañaba con el calor
del trópico y los cordones no se fabricaban en Europa. Con las máquinas
de hacer cordones, comenzó a forrar alambre para las plantas telefónicas
de la Ericson. En esos días una planta de teléfonos que era para
Centroamérica, fue hundida con el barco que la transportaba en el Canal
de la Mancha. Hasta ahí le llegó la goma de los teléfonos a don Gabriel
y solo siguió con la fábrica de los cordones.
El ancestro de la
fotografía, en Don Gabriel fue la necesidad de hacer perdurar la
cantidad de paisajes que observaba y le impresionaban especialmente
cuando viajaba por el departamento del Valle, paisajes que solo le
quedaban en la memoria, porque eran tan rápidos que no podía dibujarlos.
Estando en el negocio de
los cordones, se le presentó la necesidad de comprar una camarita de
fotografía y se consiguió una Vantam baratica, compró libros y revistas,
y a leer todo lo que quería saber de fotografía y se dio cuenta que esa
no era la cámara que iba a suplir sus necesidades y entonces buscó otra
cámara mejor y compró una Vantam, ya más costosa, de mejores lentes y
calidad y con esa siguió fotografiando los paisajes que encontraba
durante los viajes de ventas de cordones. La fábrica de cordones estaba
en Medellín, y tenía como pretexto para irse a viajar la venta de
cordones, se demoraba quince, veinte días o un mes , cuando regresaba
las máquinas estaban paradas lo mismo que los muchachos a quienes
conseguía cuando regresaba. Terminada la gira ponía a funcionar la
fabriquita nuevamente. Financiaba la afición a la fotografía con el
producido de la fábrica de cordones hasta que un día decidió se la
ofreció a don Luis Lalinde Botero, quien resolvió montar con otros
socios una fábrica de cordones y don Gabriel aprovechó para vendérsela y
dedicarse de lleno a la fotografía que era su pasión.
La época de los años 40
fue el inicio de la etapa de la fotografía aficionada de don Gabriel y
se encontraba en Medellín. Todavía no aparecía el color en nuestro medio
y las posibilidades de capacitarse sobre el tema era prácticamente nula.
Don Gabriel, en que
momento toma usted la decisión de meterse a un cuarto oscuro ?
Fue alrededor del 40,
buscando rebajar costos, era fácil de aprender y en esa época la
fotografía consumía muy poco tiempo, ya que la toma fotográfica y el
volumen de consumo era poco, y me dejaba libre más de la mitad del
tiempo para hacer cuarto oscuro. El cuarto oscuro lo tenía en la casa de
Bomboná con Girardot, en la casa de los Boteros, mi primer cuarto oscuro
fue en mi pieza de residencia, me quedaban las tres cuartas partes de mi
pieza porque eran muy grandes; la ventana que era arrodillada, y que
tenía una altura de ochenta centímetros, me servía para colocar las tres
cubetas y allí hacía mi cuarto oscuro, cuando había que fijar abría los
postigos para que ventilara, y las fotos se sacaban a lavar en los
servicios de la casa y se secaban al aire y más tarde con una secadora
caliente que estaba en la parte de atrás de la casa.
Don Gabriel, en esta
época las películas fotográficas las revelaba usted o las mandaba a
revelar, cuéntenos como empezó esa parte de su vida fotográfica ?
La goma de la fotografía
me entró por el cuarto oscuro, busqué otros fotógrafos que tuvieran
cuarto oscuro, hice muy buena amistad con Arturo Puerta, el famoso mico
Puerta, él revelaba y hacía fotos para prensa y ahí conocí el principio
del cuarto oscuro. Henry Duperly y Fen Duperly me revelaban los rollos y
yo les compraba y cada vez que iba al almacén hablábamos sobre
fotografía, otra persona importante fue Heriberto Wolff, quien era el
representante de Agfa y tenía almacén en Junín, me revelaba las
películas y allí tenían muchas clases de papel, don Heriberto dejaba la
atención comercial y me
atendía personalmente, sobre la caja de luz colocaba el rollo de 36
fotografías y las analizaba una por una, encuadre, composición, me daba
recomendaciones, y así aprendí con este análisis. Se sacaban las fotos
en 6 x 9 y una que otra en mayores tamaños, y pedía el tipo de papel en
que debían sacarlas. En esa forma, cada vez que iba recibía una clase de
fotografía que no iba a recibir en ninguna escuela, además me daban
informaciones sobre todo lo que llegaba.
Yo no hacía todavía
fotografía comercial por mi parte, y como era tan costoso se presentó el
caso de los amigos que eran estudiantes de mi edad, se graduaron y antes
tenían que preparar la tesis de grado y era toda una novedad adicionarle
fotografías como era en odontología, yo les ayudaba y les tomaba las
fotos, dando pie a una buena amistad, posteriormente esos muchachos
hacían su bailecito de grado, las novias y más adelante el matrimonio.
Ellos me buscaban como amigo y por economía porque yo les cobraba más
barato, allí empezó el interés por fotografiar las parejas y los niños,
ya con este dinero daba con que comprar rollos para fotografiar.
SUS COMIENZOS EN LA FOTOGRAFÍA.
Don Gabriel Carvajal
empezó a ser fotógrafo cuando se le despertó este arte como una afición.
Fue en el año de 1942, con su cámara marca Vantam cuyo costo fue de
treinta pesos, se dedicó a fotografiar paisajes, escenas callejeras y
todo lo que visualmente le atraía. Su primera fotografía como aficionado
en el periodismo gráfico, la realizó en 1945 en la plaza de Cisneros, en
una manifestación descentralista donde fotografió los carteles de los
manifestantes con unas frases de “Arepa si! chicha no !”. Las
fotografías fueron publicadas en El Colombiano. El comienzo definitivo
en el campo fotográfico, lo definió en el año de 1948 cuando abre su
primer estudio y se vinculó a los medios periodísticos como El
Colombiano, Cromos, Raza y Semana, con sus placas fotográficas y el
crédito de “Fotos Carvajal”. Por esta misma época existían otros
consagrados dentro de la fotografía en Medellín : Jorge Obando C, Miguel
Angel Zuleta ( MAZ) y Carlos Rodríguez ( Foto Reporter).
El 9 de Abril de 1948,
Gabriel Carvajal vivía en Bomboná con Girardot y a cuadra y media estaba
el Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia y a media cuadra
estaba el comando de la policía departamental, en Bomboná con Girardot.
La gente pasaba con artículos producto del saqueo en los almacenes del
centro de la ciudad. En esa época don Gabriel hacía fotografía
elemental, de prensa, frecuentaba el cuarto oscuro de Arturo Puerta. El
9 de Abril don Gabriel no salió, al día siguiente salió con su cámara, y
frente al Club Unión se encontró un joven estudiante con medio adobe que
iba a lanzar, levantó la cámara pero pensó en lo que le iba a causar
esta fotografía al joven manifestante y decidió no tomarla. Luego supo
quien era, ocupó puestos importantes en el sector comercial.
La reportería gráfica le
permitió atestiguar momentos históricos importantes como las carreras de
caballos en los hipódromos de San Fernando, los Libertadores y La
Floresta, el incendio de Pepalfa, el secuestro de un DC-3 en el que
viajaba don Gabriel y fue desviado a Cuba, la dictadura de Rojas
Pinilla, la imagen de Manolete sonriente, o un accidente aéreo en la
Costa donde también viajaba don Gabriel.
En 1949 compró a un
alemán reclutado en la II Guerra mundial, don Rudolph Bedke, la
fotografía “Romeco” negocio especializado en fotografías de niños y al
año siguiente abrió “Estudios Carvajal” con fines diferentes al primero.
Estuvo 18 años en la Avenida de Greiff con Bolívar y luego pasó su
estudio a la calle Boyacá entre Cúcuta y Tenerife.
Sus primeros trabajos
comerciales fueron en exposiciones de animales. Las placas se las vendía
a sus propietarios y a la revista nacional de Agricultura. Después pasó
al campo social para laborar en desfiles de modas y matrimonios. Le iba
bien y en poco tiempo pasó de aficionado a fotógrafo profesional. Las
primeras fotografías por encargo las hizo en la Primera Feria Nacional
de Agricultura en la Ceja. Recuerda el maestro Carvajal que cuando
presentó una cuenta, muy módica, de cinco pesos, a un señor Restrepo,
dueño de un animal que apareció en una copia, éste exclamó aterrado: Eso
vale el ternero. Esta cuenta por supuesto no se la pagaron. Entre sus
cámaras recuerda la Speed Graphic 6x9 y la Rolleiflex 6x6. Recorrió con
sus cámaras los hipódromos de San Fernando, la Floresta y los
Libertadores. Las primeras fotografías de prensa en los comienzos de su
carrera eran de cortesía y cubrió eventos como la estrellada de una
avión de la TAC contra el Cerro del Padre Amaya, asumiendo todos los
costos, Fueron publicadas por El Colombiano y la cuenta se la presentó a
don Fernando Gómez Martínez y a don Tulio Hernández y ellos la pasaron
para que la pagaran, pero don Onofre Gómez se negó a hacerlo. No
obstante nada pasó porque la fotografía de prensa era una cortesía.
Era una época en que se
llevaba fotografías a la prensa y las publicaban a los ocho días. Don
Gabriel empezó a vivir de la fotografía cuando comenzó con la fotografía
comercial hacia 1949, la competencia era escasa. Los que tenían estudios
no salían a hacer fotos a la calle ni a matrimonios. Don Gabriel también
tenía estudio fotográfico, Foto Romeco pero un hermano se lo manejaba,
era para niños. Lo que yo hacía era fotografía social y siempre me las
publicaban.
Cómo recuerda don Gabriel esta época de
prensa y de calle ?
“En los primeros años me
iba a cubrir tragedias para El Colombiano durante el día y en la noche
cubría una fiesta de gala en el Club Unión, en una mezcla de drama y de
pompa que hoy me estremece”.
Hacia los años de 1950,
que tiempos, cuando era una epopeya conseguir modelos que posaran para
un aviso. El criterio era completamente distinto al de hoy. Si se
necesitaba una mujer, había que buscarla en la clase alta; si era un
hombre, apenas los deportistas consagrados se prestaban para eso porque
los demás la consideraban como una actividad denigrante. Entre las damas
distinguidas de la sociedad colombiana que posaron ante sus cámaras
podemos mencionar a Magola Azuero de Gamboa de Bogotá, Beatriz Hanaber
de Pombo de Cartagena, Estela Restrepo de Gómez de Cali, Mary Edder de
Garcés de Cali, Cecilia Caicedo de Edder de Cali, Betty Echeverri de
Restrepo de Medellín, Ligia Isaza de Jaramillo de Medellín, Julita
Emiliani de Piedrahita de Barranquilla, Carmen Ordóñez de Zuleta Ferrer
de Bucaramanga, Gloria Valencia de Castaño de Bogotá, Olga Lucía Garcés
de Franco de Cali, Marcela Samper de Gnecco de Bogotá, Yolanda Izquierdo
de Narváez de Bogotá y Lía Arango de Escobar de Medellín.
Gabriel Carvajal con sus
fotografías publicitarias contribuyó a la publicidad de la Fábrica de
Licores de Antioquia, comestibles Doña Paula, Camisas Primavera,
Coltejer, y Fabricato entre otras. Don Gabriel hace memoria sobre una
anécdota relacionada con una fotografía para una publicidad de Coltejer
: “ Teníamos afán para retratar unas reinas de belleza que servirían de
modelos en el anuncio de Coleta Margarita. Mandamos un muchacho a
comprarla y se apareció con Coleta Fabricato. No hubo más remedio, el
vestido con que salieron las modelos de Coltejer fue confeccionado con
telas de Fabricato”. El ingenio y la creatividad de don Gabriel se ve
reflejada en cada una de las historias relacionadas con la publicidad
como la que le pasó con la Tercera Bienal de Arte de Coltejer en el año
de 1972, donde debía hacer unas fotografías para el catálogo y una de
ellas era una obra compuesta de ladrillos. La obra de ladrillos no
aparecía por ninguna parte, y después de mucho buscar, uno de los
trabajadores del edificio le dijo que si eran unos adobes encarrilados,
él se los había llevado para la construcción. Don Gabriel con unos
adobes reconstruyó la obra para poderla fotografiar y al fin lo hizo.
Su ingenio y tenacidad,
lo llevaron a ser además del fotógrafo, el creativo y el maquillador en
cada una de la fotografías publicitarias que debía realizar para las
empresas que lo solicitaban. “Cuando empecé a maquillar para las fotos
publicitarias, nadie lo hacía y en nuestro medio no se entendía muy bien
la justificación de este trabajo. Para hacer un retrato, me demoraba
media hora en la toma y una hora en el maquillaje y muchos creían que
era más el misterio. Pero yo sabía que estaba haciendo
y cuanto ganaba con eso.
Me pasaron cosas muy simpáticas con el maquillaje, una vez maquillé un
moreno y una vez tomadas las fotografías, me pidió desesperadamente que
le permitiera bañarse. El hombre se echaba agua y jabón que daba miedo.
Yo me acerqué para explicarle que esas cremas no hacían daños en la piel
y el moreno me respondió, que el problema lo iba a tener con su mujer
para explicarle porque olía así”.
Prácticamente fue el
primer fotógrafo colombiano que utilizó modelos colombianas para la
propaganda nacional. Su primera modelo fue Luz Elena Gómez.También
desfilaron ante el visor de su cámara modelos como Stella Márquez,
Gladys Zender, Katherine Hutchison, Mirta Teresita Mazza, Yolanda
Pulecio, Doris Gil y Janine Holland. Profesionalmente su desempeño no
tenía que envidiar a modelos extranjeras aparecidas en la páginas de la
revista norteamericana Life. Quiero traer a estas líneas una historia
que oí alguna vez a don Gabriel sobre las modelos colombianas. “Yo me
quejaba mucho de las modelos colombianas de los años cincuenta, por su
falta de cancha. Alguna vez salió una joven de Medellín en un periódico.
Un amigo mío se me acercó y me dijo que efectivamente daba gusto
trabajar con modelos extranjeras, mientras examinaba la foto publicada.
Cuando le expliqué que esa dama era de aquí, expresó ! Qué va ser paisa
! Es más, si es de aquí me caso con ella. La buscamos, tuvieron su
primer encuentro, luego otros y bien, hoy son marido y mujer, ya con
nietos, por culpa de mi foto”.
ETAPAS DESARROLLADAS COMO FOTÓGRAFO.
En los años cincuenta, el
maestro Gabriel Carvajal se dedicó por entero al reporterismo gráfico y
posteriormente pasó a la fotografía publicitaria. En una nota
periodística del Espectador en Agosto de 1950 en la sección del
Dominical se hace una alusión a don Gabriel Carvajal como fotógrafo: “
Gabriel Carvajal, conocido en Medellín como uno de sus mejores
fotógrafos- si no el mejor- se ha dado a conocer en poco tiempo a una
gran masa de lectores bogotanos, que ya pueden distinguir una de sus
producciones entre ciento que se le muestren innominadamente. Carvajal,
en efecto, no necesita firmar sus cuadros para identificarlos: llevan la
rúbrica de su estilo inconfundible. Para llegar entre nosotros a este
grado de consagración, le ha bastado con dos composiciones publicadas en
DOMINICAL: “Negrita”y “Gato y Helado”, en que exhibió las
características de su temperamento artístico: fina concepción del tema,
originalidad en el modo de captarlo y exacta distribución de la luz. Sin
embargo, Carvajal nos ofrece hoy una excelente obra de arte de distinta
escuela, basada ya no en el paciente arreglo del motivo elegido sino en
un certero y oportuno aprovechamiento del mismo”.
Con el maestro Leo Matiz,
fotógrafo colombiano recientemente fallecido, ilustró el libro Medellín
capital industrial de Colombia publicado en el año de 1947.
Posteriormente en 1949 con Fen Duperly se dedica a recorrer el país,
unos 15.000 kilómetros, en un automóvil Mercury modelo 40 con unas
carreteras no pavimentadas, para fotografiar las bellezas naturales,
excursión que dura unos tres meses y con una producción de unas mil
fotografías en kodachrome que luego fueron utilizadas en las
publicaciones de calendarios para Fabricato y Pantex.
Las primeras incursiones
de don Gabriel, en el campo de la ingeniería, se dieron a través de un
ingeniero francés, quien le explicó sus expectativas como ingeniero y le
enseñó fotografías europeas, que contribuyeron a la formación artística
y técnica del fotógrafo en este campo, logrando crear el estilo de
mostrar antes que imágenes artísticas, fotografías con los ángulos más
informativos para los ingenieros, desde la localización de la obra antes
de ser iniciada y que podían servir posteriormente para el
replanteamiento de diseños de ingeniería o arquitectura. Su primer
récord de obra fue el estadio Atanasio Girardot en la ciudad de
Medellín.
Llegó la época de la
arquitectura y de la ingeniería, laborando durante muchos años en este
campo y registrando el desarrollo de las grandes obras de ingeniería de
Antioquia como lo fueron las represas hidroeléctricas de Guadalupe III,
Guatapé, San Carlos, Jaguas, Guadalupe IV, el Guavio y aeropuerto José
María Córdoba. El mural fotográfico de varios metros que existe en el
décimo piso del edificio Vicente Uribe Rendón, terminado en 1995 con
motivo de los 40 años de Integral, es el récord de obra de don Gabriel
Carvajal como testigo del desarrollo de la ingeniería hidroeléctrica en
Antioquia.
Con motivo del
Tricentenario de Medellín, don Gabriel Carvajal en una entrevista de
prensa en 1975, hace una anotaciones que vale la pena recordar : “
Constantemente tomo fotografías de Medellín para palpar su evolución. En
ellas se puede ver que en los últimos veinte años la ciudad ha
adelantado más rápido que en toda la época anterior. El Medellín de
antes era mejor y más bonito. Más ciudad, ahora es una prisión. En esa
época uno escogía lo que quería hacer, ahora lo obligan las
circunstancias”.
Su desempeño como
reportero gráfico y social, le dio la oportunidad de conocer personajes
importantes de la vida municipal, departamental e internacional, como
podemos constatarlo en su archivo fotográfico. Entre los personajes
retratados encontramos al General Marshall, a Manolete en el ruedo, a
Pier Angeli sentado en su estudio observando una sesión de modelaje, a
los expresidentes Alfonso López Pumarejo, Eduardo Santos, Alberto Lleras
Camargo, Carlos Lleras Retrepo, Darío Echandía, Laureano Gómez, Mariano
Ospina Pérez, Julio César Turbay, Jorge Eliécer Gaitán y al General
Gustavo Rojas Pinilla ante una multitud que colmaba la antigua Plaza de
Cisneros. Entre las reinas de belleza a Miss Universo Luz Marina
Zuluaga, y a Janine Holland, Reina Internacional del Algodón.
Como fotógrafo con visión
futurista, logró registrar fotográficamente a todos aquellos personajes
de la vida social, política, industrial, artística y cultural, de
Medellín y Antioquia desde sus inicios en la década del 40, quienes
entran a formar parte de esta bella publicación. Encontramos al maestro
Pedro Nel Gómez, médico Eduardo Abad, escritor Alberto Aguirre, doctor
Antonio Alvarez, doctor Gabriel Angel, pintora Débora Arango, maestro
Salvador Arango, dramaturgo Efraín Arce Aragón, ingeniero José María
Bernal, maestros José Horacio Betancur y Miguel Angel Betancur,
expresidente
Belisario Betancur,
compositor José María Bravo Márquez, pintor Jorge Cárdenas, escritor
Carlos Castro Saavedra, ex-reina Marta Luz del Corral, doctor Ivan
Correa Arango, doctor Carlos J.Echavarría, don Diego Echavarría, doctor
León Echavarría, ingeniero Jorge Escobar Alvarez, historiador Julio
César García, ex-reina Doris Gil Santamaría, médico Gil J. Gil, médica
Clara Glottman, doctor Fernando Gómez Martínez, ingeniero Carlos
Gutiérrez Bravo, médico Braulio Henao Mejía, Monseñor Félix Henao
Botero, doctor Julio C. Hernández, ciclista Ramón Hoyos, sacerdote
Roberto Jaramillo A, ingeniero Alberto Jaramillo Sánchez, ingeniero
Bernardo Jaramillo, arquitecto Antonio Mesa Jaramillo, artista Rodrigo
Monsalve, doctor Horacio Jaramillo, artista Pablo Jaramillo, escritora
Olga Elena Mattei, publicista Luis Lalinde Botero, ingeniero Gonzalo
Mejía, abogado Darío Múnera, doctora Margarita María Muñoz, doctor Pedro
Olarte Sañudo, doctor Jorge Ortiz Rodríguez, señora Sofía Ospina de
Navarro, expresidente Mariano Ospina Pérez, doctor Juan Guillermo
Penagos, doctor Jorge Pérez Romero, ingeniero Jaime Posada Angel,
ingeniero Horacio Ramírez Gaviria, ingeniero Jorge Restrepo Uribe,
ingeniero Nel Rodríguez, arquitecto Rafael Ortiz Arango, ingeniero Raul
Aguilar Rodas, músico y compositor Pelón Santamaría, ingeniero Horacio
Toro Ochoa, escritora Rocío Vélez de Piedrahíta, maestro Luis Uribe
Bueno, doctor Julian Uribe Gaviria, doctor Rodrigo Uribe Echavarría,
médico Iganacio Vélez Escobar, ingeniero Alberto Vásquez Restrepo,
humorista Guillermo Zuluaga “Montecristo”, doctor Carlos Posada, doctor
Oscar Mejía Vallejo, doctor Jorge Botero O, doctor Jorge Pérez Vásquez,
ingeniero José Tejada Saenz, ingeniera Sonny Jiménez de Tejada,
periodista Jaime Sanín Echeverri, doctor Eugenio Restrepo Uribe, doctor
Diego Tobón Arbeláez, editor Eddy Torres, don Jesús María Mora
Carrasquilla, doctor José Gutiérrez Gómez “don Guti”, doctor Peter
Santamaría Alvarez, ingeniero Luciano Elejalde, doctor Vicente Uribe
Rendón, doctor Rafael Restrepo, folclorista Rodrigo Correa Palacios,
historiador Agustín Jaramillo Londoño, militar Arturo Echeverri Mejía,
músicos Obdulio y Julián, doctor Adolfo Arango.
EXPOSICIONES FOTOGRÁFICAS.
Para el maestro Gabriel
Carvajal, las mejores fotografías son las que no se toman. “Son esas
acciones que uno quizo plasmar y por cualquier circunstancia no se
logró. Son esas circunstancias que le quedan a uno en la mente, tal vez
con cierto arrepentimiento por no haberlas inmortalizado”. En sus
recuerdos trae unas anécdotas al respecto : “Yo tengo una que jamás se
me olvida. Ocurrió el 9 de abril de 1948 en Medellín. Un joven
profesional rompía ladrillos y los arrojaba contra el Club Unión. Yo
apunté la cámara y en ese instante pensé que esa foto lo perjudicaría de
por vida. No lo hice y luego fue un encumbrado dirigente”.
En 1968, luego de veinte
años de dedicación a la fotografía, don Gabriel realizó su primera
exposición individual en la Sala Rendón del Museo de Antioquia, con
ochenta y ocho obras en gran formato. Una exposición merecedora de
elogios y comentarios, tal como lo hizo Alberto Aguirre en Cuadro,
columna que escribía para El Diario por esta época y se refería a don
Gabriel Carvajal en varios de sus apartes : “Es que Carvajal goza de un
extraño poder para la simplicidad, una como facultad de alejamiento, de
borramiento, de irse y esfumarse.....En tantos años-muchos- de ver su
figura como esfumada nos habíamos acostumbrado a su silencio, a la
brevedad de los encuentros, a su condición de hombre
elemental......Carvajal ha logrado tan cabal comprensión de las cosas, a
través de sus máquinas y de sus luces, por esa misma vocación de
sencillez que lo distingue. Solo quien vive hacia la intimidad penetra
el mundo. Y no se requiere alta sabiduría, ni ciencias infusas o
difusas, ni títulos ni reclamos constantes a la publicidad y a las
relaciones públicas, para hallar esta comunión con las cosas, que es el
distintivo de lo humano logrado y conquistado. Así como esa vocación
sostenida y no traicionada, Gabriel Carvajal es un fotógrafo que VE. No
es fácil ni es común. La mayoría de los fotógrafos no ven las cosas que
retratan: las ve la lente, las ve el mecanismo, este se interpone, con
su frialdad de materia inanimada, entre la cosa y el hombre. La foto
resulta por fuerza, igualmente, materia inanimada. Pero hay de pronto
alguien que si logra vencer la frialdad de los mecanismos y aprende a
ver las cosas : VERLAS, posesionarse de ellas, vitalizarlas son su
propia vivencia. Es lo que realiza Carvajal. Es un creador”.
En febrero de 1972, don
Gabriel Carvajal, expuso en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín una
serie de obras bajo el título de “Gentes y pueblos de Antioquia”. En
esta exposición mostró una serie de imágenes típicas y en ocasiones
ignoradas, de algunas regiones del departamento y de la ciudad de
Medellín. Si observáramos nuevamente estas fotografías ahora que termina
el milenio, sentiríamos nostalgia de ese pasado, de esa vida tranquila
pueblerina que registró la cámara fotográfica de don Gabriel, igualmente
podemos obtener puntos de referencia sobre la evolución o estancamiento
de muchas de nuestra poblaciones : plazas, calles, árboles, paisajes y
personas.“ Las cosas no vuelven a ocurrir. Con cada foto, quien maneja
la cámara está dejando constancia, contribuyendo a la historia. No es la
placa en sí, sino su contorno el que hace la historia. No es la foto de
una persona en su sitio cualquiera. Es el vestido, que lleva y que habla
de la moda de la época, es el fondo que habla de la arquitectura y es de
pronto un vehículo que cruza y señala el avance de la técnica”.
Veintisiete años después,
en 1999, don Gabriel Carvajal vuelve a exponer en la Biblioteca Pública
Piloto de Medellín, con la presentación de 48 obras fotográficas a
color, en un manejo del tema diferente a lo que conocemos de este
maestro. Es la abstracción, composiciones a base de líneas, figuras y
formas, texturas y colores. “Parecen pinturas modernas de un joven
artista.” comentó un maestro de Artes Plásticas y fotógrafo al observar
su exposición; a lo que respondí que el maestro tenía 83 años de edad
pero tenía una mente joven. Fue una exposición que mostró una faceta
desconocida del fotógrafo-artista y para el gran público fue una
sorpresa positiva. Son fotografías de piedras, arcillas, rocas, agua,
metales, en primeros planos y que el observador puede interpretar
libremente, porque las obras no tenían título. Fue un trabajo de varios
años y que al recorrer las carreteras, pacientemente observó para
fotografiarlas. Es un trabajo que denota una estrecha relación con la
madre tierra. Un día el maestro encontró en cualquier parte una piedra y
se sorprendió por sus colores : “Los pintores se matan seis meses o seis
años pintando una cosa de éstas y la naturaleza se las tira a la cara”.
LA MADUREZ PROFESIONAL DEL MAESTRO.
“Uno ve lo que no ven los demás”. (
Gabriel Carvajal).
Para el Maestro Carvajal,
la fotografía es un arte y es un arte real; porque no es la imaginación,
sino una interpretación a través de la cámara y el laboratorio, como
herramientas disponibles. El individuo vive rodeado de situaciones, solo
que el fotógrafo debe saber verlas para poner su imaginación al servicio
del arte fotográfico.Traigo a la memoria una frase de Henri Cartier
Bresson : “No existen nuevas ideas, solo existen nuevos órdenes en el
mundo”; es decir según como se miren los elementos que nos rodean,
podemos manifestar los volúmenes, las texturas, los movimientos, en
forma artística a través de la fotografía.
Don Gabriel se
autorretrata sicológicamente y cree que es muy difícil. Se debe ser
honesto consigo mismo en la profesión, saber que tenemos más por
aprender y expresar.
Alberto Aguirre anotó en
una ocasión sobre este aspecto del Maestro Carvajal : “Gabriel Carvajal
me ha descubierto el valor de la humildad. Que no es resignarse ni
postergarse, sino vivir en la intimidad. Cada vez más lejos de los
platillos publicitarios y cada vez más cerca de la vida. Sus fotos son
un testimonio de belleza, de vida honda y compartida”. Para el Maestro
Carvajal, la fotografía ha sido y seguirá siendo su pasión:
“Cuando voy sin la
cámara, tengo un sentimiento de culpa que me agobia. Me recrimino por no
llevar el elemento que me va a permitir inmortalizar lo que me encuentre
en el camino. Sin ella pienso que no valgo nada, algo así como un
policía desarmado”. Y continua diciendo : “Aquí nadie enseñaba. Por eso
era importante investigar y mirar libros, aunque estuvieran en otro
idioma. El solo hecho de analizar las fotografías, era de bastante
utilidad. En este oficio uno nunca puede pensar que ya lo sabe todo. Yo
por lo menos, siempre me actualizo, sin olvidar lo viejo”.
A pesar de ser un
autodidácta, ha tenido desde un principio normas que se encuentran en
toda profesión, como ser responsable, cumplido, estudioso, dedicado y
siempre con una respuesta apropiada a cada situación. Para el Maestro
Gabriel Carvajal, uno debe corresponder a esa responsabilidad intangible
que tiene en la sociedad. Y en cualquier campo que se trabaje hay que
aplicar seriedad, cumplimiento y respeto por las personas.
Estos conceptos ya no se
tienen dentro de nuestros cánones de convivencia. El trabajo del
fotógrafo en su contacto con las personas, debe ser de respeto y
admiración, más no de adulación, es satisfacer al cliente sin atropellar
normas.
El Maestro Gabriel, ha
sido un constante observador de lo que pasa a su alrededor al fin y al
cabo su educación visual se mantiene presente en todos los actos de su
vida. Un día de viaje hacia la Costa Atlántica, en la parada normal de
los viajeros en el estadero donde venden los pandequesos calientes y la
agua de panela en Santa Rosa de Osos, se encontró pegado el afiche de
una fábrica de cervezas, con la modelo Carmiña Moreno, realizado por él
días antes y quien mostraba originalmente un escote algo lanzado para la
época. Notaba algo raro en el afiche, se acercó para detallarlo y
encontró que le habían pagado a un artista de la localidad quien pintó
un velo negro sobre el escote. A sus 83 años, el Maestro Carvajal posee
una biblioteca sobre fotografía que cualquier universidad desearía
poseerla y es que sigue creciendo, porque semanalmente hay libros
nuevos, el maestro sigue estudiando y experimentando, dedica horas a su
estudio fotográfico y al cuarto oscuro, pero lo más extraordinario es su
personalidad de querer transmitir conocimientos y experiencias a sus
amigos fotógrafos, cualidad excepcional que generalmente no existe en
otros fotógrafos.
“Sigo estudiando, pero
nunca con la idea de mejorar en mi profesión, sino de enriquecer mi
pasatiempo”.Y continúa diciendo: “No hay duda. La fotografía es un arte.
La cámara es una herramienta de trabajo, pero lo que prima es la
concepción de quien la maneja. En una placa el valor está en el aporte,
en la creatividad, en el sentido de quien la toma. Por eso uno encuentra
personas con tres o cuatro cámaras colgadas y todos los adelantos
técnicos del caso, y cuyo trabajo no tiene calidad. Cuando uno hace una
sola cosa, mejora el producto. Yo he tratado de dedicarme a un solo
campo durante cada etapa de mi vida. Tal vez en los comienzos no se
puede hacer eso. En los primeros años yo combinaba los actos sociales
con el trabajo de prensa y con las fotos de niños a domicilio. Era la
única manera de hacerme conocer. La contínua investigación me ha
permitido hacer cosas diferentes y enriquecer mis conocimientos. Ese es
el secreto de la innovación, el estudio”.
Para el Maestro Gabriel
Carvajal, no existe el cansancio, la pereza y el ocio, solo existe el
deseo permanente de crear imágenes y hacer que la luz escriba sobre el
nitrato de plata de su placa fotográfica para compartirla con sus
amigos. “Yo diría que lo mejor que me ha dejado mi trabajo es la
satisfacción permanente. Cuando no se abandona la idea del pasatiempo
para encerrarse en el plano profesional, el producto deja una profunda
satisfacción”.
Jaime Osorio Gómez- Fotógrafo
Investigador |