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Archivos de

MANUEL MEJÍA VALLEJO

Por: Jaime Jaramillo Escobar

Biblioteca Pública Piloto de Medellín para América Latina
2013



¿Saben el último milagro?
Hace poco me le aparecí a la Virgen.
Manuel Mejía Vallejo

 

 

Introducción

Soy de los que admiten ser mal educados en lo referente a correspondencia. Manuel Mejía Vallejo


La Biblioteca Pública Piloto de Medellín conserva los archivos del escritor Manuel Mejía Vallejo en la colección de documentos personales (Sala Antioquia) disponibles para historiadores de la literatura. El catálogo, meticulosamente elaborado por Claire Lew, conforma un volumen de 344 páginas. La clasificación cronológica del legado facilita su consulta.

 

Mejía Vallejo (Jericó 1923 – El Retiro 1998), quien estuvo vinculado a la Biblioteca Piloto desde 1979 hasta 1994 como director del Taller de Escritores, cumpliría 90 años en 2013. Con tal motivo se da a la publicidad un volumen seleccionado a partir de 1954, a fin de complementar la información disponible sobre uno de los más notables autores antioqueños: premios Nadal 1963, Vivencias (Cali, 1973) y Rómulo Gallegos en 1989, entre otros.

 

Memoria o basurero de la humanidad, en los archivos está la fuente indispensable de información para toda clase de investigadores. Es la curiosidad de los arqueólogos la que ha desentrañado la historia humana desde los escombros de las civilizaciones.

 

Los legajos de Mejía Vallejo conservan con minucia hasta las tarjetas y sobres de la correspondencia postal, siendo de advertir que, de cualquier papel sin valor aparente, el visionario investigador puede sacar importantes deducciones. No son una biografía. Son elementos constitutivos.

Los materiales escogidos entre un copioso acervo responden al propósito de asegurar su preservación y difusión, dada la importancia de la obra del autor. Muestran una parte de la actividad de Mejía Vallejo año tras año, además de sus libros y su generosa continuidad en el taller que por reconocimiento lleva su nombre.

 

Invitado permanente a un sinnúmero de variadas actividades, Mejía Vallejo aceptaba por generosidad cuantas le era posible atender, muchas veces a sus propias expensas. Venga, haga, deme, es el pedido constante. En sus carpetas abundan las cartas de agradecimiento de toda Colombia y del exterior. A Manuel, como dice la canción, “todo el mundo lo quería”.

Se observará que la comunicación de Manuel aparece escasa con relación a las cartas recibidas. No era buen corresponsal. Le fastidiaba mantener intercambio epistolar. Sólo escribía cuando le resultaba inevitable. Y lo hacía a desgana y con descuido, como resulta notorio.

 

Además de su correspondencia (enviada y recibida), este volumen comprende ensayos, entrevistas y artículos procedentes del archivo general de Mejía Vallejo, que también contiene dibujos, cablegramas y publicaciones de prensa, así como la colección de su obra completa en 14 tomos, editada por la Biblioteca Pública Piloto de Medellín en 1999.

La parte selecta del archivo personal que se ofrece procura dar una idea global del hombre y su obra en un resumen esencial, que los interesados en el tema leerán con la fruición de un relato.

 

 

Notas:
1. En algunos casos se fragmentan o complementan documentos y se actualiza ortografía para mejor comprensión del lector.
2. Este trabajo está dirigido a la consulta general. El archivo completo permanece en la Sala Antioquia, a disposición del investigador y el biógrafo.

 

 

JAIME JARAMILLO ESCOBAR

 

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Comentarios a la obra

 

“Su léxico vivo es riquísimo, quizá el más vivido de por aquí. Tiene el don del movimiento y ha observado mucho de lo humano, sobre todo del vivir y padecer y reaccionar a la enemiga de la ´gente pobre´ y mucho de ´los ricos de la ciudad´... Todo eso son cuadros en que le parece a uno estar en el Museo de los imagineros españoles del siglo de oro en Valladolid”.
Fernando González.

 

“En América Latina los Cuentos de zona tórrida se pueden situar al lado de El llano en llamas de Juan Rulfo, de Cuentos de amor, de locura y de muerte de Horacio Quiroga e, incluso, de algunos de sus Cuen¬tos de la Selva, de El informe de Brodie de Jorge Luís Borges, entre otros, por la naturaleza de los temas, a veces; por la estructura o por la concepción general del cuento y, en todo caso, por la importancia artística de los trabajos, aunque —como es natural entre nosotros¬— no le hemos reconocido su justo valor al colombiano”.
Luis Fernando Macías Zuluaga. Julio - septiembre de 1993

 

“Lo que caracteriza a Manuel Mejía Vallejo es la fuerza de la palabra que sintetiza siempre lo humano. Es una palabra hecha de tierra y de tradición, de fuerza y de sangre. Con Tiempo de Sequía ha entrado a las letras americanas.

Carlos Sandoval, Diario de Hoy, San Salador, Julio 27 de 1958.

JUAN DIEGO MEJÍA MEJÍA

• Rumor de Muerte.
• A cierto lado de la sangre
• El cine era mejor que la vida
• Camila Todos los fuegos.


WILEALDO GARCÍA CHARRIA.

 

LUIS FERNANDO MACÍAS ZULUAGA

• Amada está lavando
• Diario de lectura: Manuel Mejía Vallejo
• La flor de lilolá
• La rana sin dientes

 

SERGIO VIEIRA

• Historias de vecinos.

 

JAIRO MORALES HENAO

• Desencuentros Primera ed. 1984; segunda ed. 2000
• José Restrepo Jaramillo: un devenir estético contra la retórica
• El texto y la mirada 1
• El texto y la mirada 2

 

ORLANDO GALLO

• Siendo en las cosas
• Los Paisajes Fragmentarios
• La próxima línea, tal vez
• Todas las cosas es lo único que dejamos

 

EDGAR TREJOS

• La casa del frío

 

JUAN CARLOS ORTIZ

• Dama por caballo
• Destellos y sombras de un maniqueísta


JOSÉ LIBARDO PORRAS VALLEJO

• Es tarde en San Bernardo
• Partes de guerra
• Hijos de la nieve

 

DAVID PINEDA SALAZAR

• La buhardilla del tiempo
• De bronce y agua

 

GILBERTO LUQUE MESA

• El ángel oscuro

 

HÉCTOR IGNACIO RODRÍGUEZ

• Menos poemas y más besos.

 

EVERARDO RENDÓN

• La ciudad sonámbula.

 

CLAIRE LEW DE HOLGUÍN.

• El venado de madera

 

MAGNOLIA HOYOS FRESNEDA

• Cielo azul

 

MARÍA TERESA RAMÍREZ

• Hombre Pacho

 

CARMEN ROSA DE BARTH

• Una vida de cualquiera


TERESA YÁÑEZ DE CUBEROS

• De este lado de los sueños


LUIS JAIME AGUDELO

• Golpes de ala.

 

JORGE MARÍN

• En este día tan lentamente aprendido

 

ALBEIRO PATIÑO BUILES

• Historias Cruzadas


CARLOS FRAMB

• Un día en el paraíso

 

CÉSAR ALZATE VARGAS

• La ciudad de todos los adioses.

 

 

 

JUAN DIEGO MEJÍA MEJÍA

• Primer Premio. Concurso del Quindío. 1981.

• Mención. Concurso del Quindío. 1981.

• Mención. Concurso de la Universidad de Nariño (AWASCA). 1981.

• Mención. Concurso de la Universidad de Nariño (AWASCA). 1982.

• Segundo Premio. Concurso de la Facultad de Medicina. Universidad de Antioquia. 1981

• Segundo Premio. Concurso de la Facultad de Medicina. Universidad de Antioquia. 1982.

• Segunda Mención. Concurso de la Facultad de Medicina. Universidad de Antioquia. 1982.

• Primera Mención. Beca de la Novela Ernesto Sábato. 1984.


WILEALDO GARCÍA CHARRIA

• Mención. Concurso de Poesía. Universidad de Antioquia. 1982.

• Mención. Concurso de Cuento. Universidad de Medellín. 1982.

• Mención. Concurso de Cuento. Universidad de Medellín. 1983.

• Premio (aunque no hubo aclaración oficial) en un concurso de libro de cuentos promovido por la Universidad de Panamá. (Libro escrito conjuntamente con Sergio Vieira). 1981


LUIS FERNANDO MACÍAS ZULUAGA

• Primer Premio. Concurso de Cuento “Argemiro Pérez Patiño”. Universidad de Medellín. 1982.

• Finalista. Premio Nacional de Poesía. Universidad de Antioquia. 1982.

• Finalista. Premio Enka de Literatura Infantil. 1983

• Finalista. Premio Enka de Literatura Infantil. 1987.


SERGIO VIEIRA

• Primer Premio. Concurso de Libro de Cuentos “Jorge Gaitán Durán”. 1983.

• Segundo Premio. Concurso de Cuento Universidad de Medellín. 1982.

• Premio. Concurso de Libro de Cuentos Universidad de Panamá. 1981.


JAIRO MORALES HENAO

• Primer Premio. Concurso de Cuento Facultad de Medicina. Universidad de Antioquia. 1982.
• Mención. Concurso de Cuento Facultad de Medicina. Universidad de Antioquia. 1982.
• Mención. Concurso de Cuento Universidad de Medellín. 1983.
• Tercer Puesto. Concurso de Cuento COOMEVA (Cali, Valle). 1983.
• Primer Premio Categoría Ensayo, Serie Autores de Hoy, Concejo de Medellín, 1990.

ORLANDO GALLO

• Primer Premio. Concurso de Poesía “Prieto Chance”. 1981.
• Primera Mención. Concurso Nacional de Poesía. Universidad de Antioquia. 1983.

 

EDGAR TREJOS

• Tercer Premio. Concurso de Poesía del Meta. 1982.
• Primer Premio. Segundo Concurso Nacional de Poesía Universitaria. 1985.

 

LUCÍA VICTORIA TORRES

• Primera Mención. Concurso de Cuento del Quindío. 1982.

 

JUAN DIEGO VELÁSQUEZ

• Mención. Concurso de Poesía. Universidad de Antioquia. 1982.

 

JOSÉ LIBARDO PORRAS VALLEJO

• Mención. Concurso de Cuentos de Transempaques. 1985.
• Tercer Premio. Segundo Concurso Nacional de Poesía Universitaria. 1985.
• Segundo Premio. Primer Concurso Anual de Cuento. Universidad de Antioquia. 1988

 

JUAN JOSÉ ISAZA

• Premio de Cuento. Colegas. 1984.

 

JUAN CARLOS RESTREPO

• Finalista Concurso de Cuentos Secretaría de Educación de Medellín, 1990

• Beca Nacional de Colcultura en Cuento, 1995

• Finalista Certamen Internacional de Letras “Cuento para trabajadores”, Argentina

• Mención de Honor X Concurso de Cuento para Trabajadores, Medellín, 2000

• Premio de Cuento Cámara de Comercio de Medellín, 1999

• Premio Internacional de Narración Breve “Julio Cortázar”, España, 2001


CÉSAR ALZATE VARGAS

• Ganador del Concurso de Novela. Cámara de Comercio. 2001


CLAIRE LEW DE HOLGUIN

• Finalista. concurso de cuento "Jorge Zalamea" .Medellín, 1986

• Finalista. Concurso de cuento "Jorge Zalamea", Medellín, 1986

• Finalista. Finsocial (La navidad en cuentos) . Medellín, 1986

• Finalista. Concurso de cuento " Carlos Castro Saavedra" . Medellín, 1988

• Primer premio en el concurso del Politécnico Colombiano " Jaime Isaza Cadavid", Medellín ,1988

• Primer premio en el II Concurso de la Secretaría Municipal de Educación y Cultura de Medellín, 1989

• Finalista. en la Casa de la Cultura de San Andrés, 1989

• Tercer premio de cuento en el III Concurso de cuento de la Secretaría Municipal de Educación y Cultura de Medellín, 1990

• Segundo premio en el concurso de la Secretaría Departamental de Educación y Cultura. Medellín, 1990

• Tercer premio en el concurso de cuento " Carlos Castro Saavedra", Medellín, 1991

• Primer premio en el “Concurso Nacional de Ensayo, Manuel Mejía Vallejo”, con el trabajo “Ascenso a la Casa de las dos Palmas”. Medellín, 1997.

• Mención honorífica de la Secretaría de Educación y Cultura Departamental en el concurso " Cuéntenos su oficio" . Medellín, 1992

 

 

 

El taller para Manuel Mejía Vallejo

 

“Cualquier afirmación que se haga sobre literatura y arte es afirmación equivocada: inclusive ésta para comenzar la introducción a un libro sobre trabajos de taller, donde varios muchachos se han metido por vocación y por averiguar pequeños secretos del oficio literario.

 

Una experiencia personal me dice lo que desde antes maliciaba cuando Jorge Zalamea me invitó a dirigir con él un taller parecido en Cali. Manifesté cierta incredulidad, equivalente a mi desconfianza para tener verdades absolutas, o para enseñar lo que apenas estaba ensayando, seguro como estoy de que el escritor es un aprendiz permanente, sin diploma posible.

 

En el Taller de Escritores auspiciado por la Biblioteca Pública Piloto no se ha querido ejercer un pontificado, tampoco cierto tipo de anarquía amable para quienes piensan que la juventud sola equivale a talento, apto para tumbar normas en una postura de goce en la ignorancia. Allí están la mirada limpia, la inconsecuencia, el querer imponerse, la fe y el asombro. Hay quienes todavía piensan que rechazar la ortografía es un arranque poderoso del estilo personal y quiénes ven en generaciones anteriores una tácita enemistad decadente. De pronto muestran versos en baratillo de la peor retórica, y de pronto, también, la imagen nueva, el ángulo de enfoque certero, el hallazgo.

 

Como el Taller carece de solemnidad, en él se regodean el humor junto a la crítica y el desparpajo junto a la disciplina mental. Es una reunión de pensamiento libre donde las ideas antagónicas tratan de mostrar su verdad, o retazo de verdad que a cada una corresponde. No hay cátedra por obligación.

 

Novela, cuento y poesía aparecen frecuentemente en los trabajos. Y a pesar de que la novela es género de madurez – no existen novelistas precoces – ya salió publicada “Amada está lavando” de Fernando Macías, buena muestra de la joven narrativa colombiana. Rara vez aparece el ensayo, por ser otro género que pide amplias y hondas referencias a la cultura y al conocimiento.

 

Pero aunque escribir es tal vez una de las pocas faenas que no se enseñan si escribir sobre pasa el simple hecho de redactar correctamente , en muchas ocasiones basta un contacto, una amistad, unas tertulias sin ánimo dictatorial, unas observaciones de experiencia, un estímulo en su hora oportuna, para que alguien decida su destino de escribir: en este sentido sirven los talleres literarios.

 

Sin embargo, cualquier autor consagrado puede hacer daño a un principiante si no permanece atento al estilo en cierne, a una rebeldía siempre necesaria así esté llena de posibles equivocaciones, que son defensa de la personalidad. Es peligroso pretender formar estilos epigonales e ignorar la manera que cada cual tiene de esbozar o terminar sus cosas. Por eso quien dirija un taller debe tener sentido de la transferencia, cierto tipo de adivinación para entrever en el joven inseguro la plenitud de un futuro creador.

 

Por otra parte, al taller han llegado personas válidas en nuestra literatura: Elkin Restrepo y Darío Ruiz Gómez, Mario Rivero y Jorge Artel, Jaime Mejía Duque y Mario Escobar Vélasquez, Humberto Navarro y Alvarez Gardeazábal, hasta forasteros entrañables como Juan Rulfo, Manuel Puig o Camilo José Cela. Y vendrán otros para decir lo mismo: que el hombre casi nunca aprende a leer, mucho menos a escribir, y que la literatura es un oficio para sabedores de la cordura ambiente, donde la mayoría es enemigo irrevocable. Seguiremos escribiendo, es un destino total.

 

Aunque algunas de estas muestras aparecen como sus autores las entregaron, otras aguantaron su decantación para resumir un esfuerzo apretado, un debatirse en lo que llaman creación literaria, tan difícil de someter a normas pre-establecidas. Varias influencias captables y un afán por dar la propia voz y el propio sacudimiento pueden observarse en este libro, característico de lo que actualmente escribe nuestra juventud.

 

Pero no intento hacer una página de magisterio sino otro trabajo de taller con el solo afán de aunar doce nombres nuevos, convencido de que algunos de ellos figurarán justificadamente en la literatura colombiana”.

 

Manuel Mejía Vallejo: Trabajo de Taller, Biblioteca Pública Piloto. Taller de Escritores. Medellín, 1980, 175 p.

 

“Hay una a modo de aventura en esto de publicar lo que se ha dado en llamar “Trabajo de Taller!: aventura al afrontar una expectativa, aventura para quien por primera vez publica algo suyo, aventura del mismo taller que se arriesga con autores nuevos, por adivinarles posibilidades o por considerarlos escritores de verdad.

 

Según parece, hasta ahora hemos acertado: de los mostrados en el primer volumen casi todos tienen ahora cuando menos un libro que los acredita como buenos poetas, novelistas, cuentistas o simplemente prosadores. La joven literatura del país no podrá ignorar los nombres de Lucía Victoria Torres y Edgar Trejos, de Libardo Porras Vallejo y Orlando Gallo Henao, de Luis Fernando Macías y Héctor Viera, de Wilealdo García y Jairo Morales. Este último un buen crítico, además.

 

No la vanidad de un libro, sino el orgullo sereno de un primer libro. Que equivale simplemente al comienzo de una lucha para toda la vida; ese asumir un destino, aunque suene inflada la frase, porque la literatura es un ejercicio de tiempo completo y no admite concesiones en el proceso ni en sus finalidades; ese saber que hay que jugársela toda –contra el medio, contra la envidia, contra las impotencias actuantes -, escoger otra profesión que sea lucrativa y que despierte menos suspicacias.

 

Con Gloria Inés Palomino –directora de la Biblioteca Pública Piloto y atenta siempre a esta clase de acontecimientos- tratamos de armar una especie de Fondo Editorial, a donde tenga acceso aquellos escritores jóvenes sin editor –la mayoría - y que muestren una obra donde estén realizados o insinúen una próxima realización literaria, sin someterse a discriminaciones o humillaciones, cosa frecuente en asuntos de tal índole.

 

Así, antes de concluir el año editaremos tres nuevos títulos. Y no intentamos favorecer a nadie, pues no seremos institución de beneficiencia ni adoptaremos actitudes paternalistas. Puede haber confianza desmedida en nuestro propio criterio, pero obraremos de buena fe, también con ánimo de incitar: esas publicaciones serán apenas un pequeño trampolín, para que cada escritor tenga un punto de referencia, frente a sí mismo y frente a lo que lo rodea, para que pueda tomarse su temperatura. Algunos se salvarán, si es salvarse acertar en literatura. O que se los lleve el diablo, pero después de una mínima oportunidad.

 

Mientras tanto seguiremos viviendo, en los miércoles de la Piloto un aire de tertulia, donde es válida cualquier opinión por absurda que parezca. Allí nos entendemos conversadamente, en amable búsqueda de tantos secretos que guarda el ejercicio literario: nunca pasaremos de ser aprendices.

 

Como ocurre en casos semejantes, este volumen segundo de Trabajo de Taller presenta escritores de garra a pesar de sus años, o escritores con madera, así diría cualquier aserrador. En él hay esfuerzos más o menos compensados, sueños diluidos en páginas, vida que se hizo letra, palabras que se aferran del papel y dicen o tratan de decir lo que la vida va nombrando en sus acosos. O lo que se logra escuchar en medio del trajín del mundo.”

 

Manuel Mejía Vallejo: Trabajo de Taller 2, Biblioteca Pública Piloto de Medellín, Taller de Escritores. Medellín, 1986, 231 p.

 

EXPLICACIÓN
Hace ya diez años algunos muchachos se metieron en la siempre amable y amarga tarea de escribir en un medio donde la literatura se había ejercido más o menos clandestinamente, pues aún a los cultos sigue infundiéndoles desconfianzas inusitadas: el escritor continúa siendo el disidente, el inconforme, el oteador de nuevas posibilidades, amigos de preguntar en busca de respuestas distintas, precisamente en donde para todo se tienen respuestas prefabricadas.

 

Diez años atrás el Taller de escritores de la Biblioteca Pública Piloto comenzó con varios “gomosos”, esos que siempre animan pequeñas empresas o empresas grandes en arte, civismo, literatura y cuanta actividad distingue a los seres todavía no medidos a cordel. Sus directores fundadores (Alejandro González, Juan Luis Mejía, Jairo Morales) no erraron al pensar que de un conjunto mínimo iría saliendo algo digno de ser tenido en cuenta.

 

Como este volumen, donde hay un aspecto que debería llamar la atención: en él no se advierte el sello del “taller” –lo que algunos desinformados piensan que es un Taller -, pues, a pesar de la juventud en la mayoría de los incluidos, no se advierten influencias inmediatas, o ellas han sido absorbidas por un personal capacitado para el verso o el relato. Hay aquí mundos individuales, caminos diferentes a los trillados, búsquedas y hallazgos de indudable valor.

 

Tal vez el Taller ha influido con cierto tipo de orientación sin normas estrictas, con una desconfianza frente a los cánones cerrados, con su desdén por la retórica sonante, con su necesidad de la poesía, así se trate de la prosa más severa: la poesía no podía mantenerse en las recitaciones de bohemios escasos de talento o en manipulaciones del lenguaje dentro de un culebrerismo pintoresquista, sin arraigo él en la disciplina que exige el simple hecho de nombrar las cosas.

 

En cierta forma la literatura exige también una gran capacidad de renuncia, en ella van quedando los que valían verdaderamente desde antes de saberse escritores. Porque la desconfianza acompañará siempre a quienes siguen ajenos a los grupúsculos que se creen poseedores del monopolio de la verdad y del buen gusto, a quienes desdeñan la pompa y los facilismos en su vida y en su obra.

 

Esta antología sólo recoge trabajos de los que, pertenecientes al Taller de la Piloto, han publicado cuando menos un libro. El primer libro: Esa nueva aventura de vivir otro sentido de la vida, el otro descubrimiento, la otra sensación de soportar tantas agonías; haber palpado el mal sabor de una página en blanco, ahí, desafiante frente a la esterilidad, apacible frente al esfuerzo inútil, indiferente ante la fiebre que trata de ser creadora. O la página que se va llenando con el color de la ilusión primera, con las palabras balbucientes que significan un olvido pequeño, un amor grande, unas cenizas todavía candescentes, el jadeo de un esfuerzo perdido. El primer olvido, la lucha por permanecer más allá de la muerte…Y la resurrección diaria para cada diaria desaparición de lo que fuimos y tal vez no seremos más. Ese instinto de conservación, el no querer desaparecer completamente, así nuestros huesos blanqueen algún paisaje escondido.

 

Y esa seguridad tímida y orgullosa de que algún día seremos grandes, y la eterna desconfianza porque ni siquiera seremos, borrados ya los primeros impulsos, borrada la primera huella sangrante, borrado ese otro instinto de la vanidad. Y empezar de nuevo, y creer que ahora sí ha llegado el ángulo de enfoque preciso, la palabra exacta, la frase-trampolín hacia la gloria… O ese sacar de la nada algo que vibre en su febricitación. Pero ¿ si la nada no existe? ¿O si es simplemente el vacío de donde podrían salir todas las cosas? Si la nada ya estaba hecha, poco debe valer lo que aún llamamos creación.

 

De todas maneras aquí va este nuevo volumen con el sello de la Biblioteca Pública Piloto, que ahora maneja treinta talleres en la sede principal y en las sucursales de los barrios: poesía y pintura a varios niveles, iniciación musical, coros, banda infantil, percusión, pintura, escultura, creatividad, libros y lectura, filosofía, danzas, además de sus exposiciones permanentes, ciclos de conferencias y cuanta cosa más que la ha convertido, por una mística, una constancia y un equipo excelente de colaboradores, en la entidad más activa, culturalmente hablando, de Colombia.

 

Este libro, y otros que han salido al amparo del mismo sello, confirma la vocación de un grupo formado por escritores de profesiones disímiles, o sin otra profesión conocida fuera de la de un consciente ejercicio literario, para el que ninguna de ellas capacita si se carece de aptitudes excepcionales. Confirma también que un taller discretamente manejado no crea “tics” retóricos ni vicios aprendidos de quienes son sus coordinadores.

 

En mi caso personal, la tarea ha consistido en sugerir caminos, nunca en imponer una escuela o una tendencia determinada ni repartir lecciones dictatoriales, sino la humilde de entreabrir ventanas y entrever posibilidades en quienes bregan por dar a la palabra un sentido superior al que le adjudica el diccionario.

 

Manuel Mejía Vallejo: Taller de Escritores 10 años. Medellín, Biblioteca Pública Piloto, 1988, 219 p. (Colección Trabajo de Taller, 10).

 

 

 

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