Desde adentro

En el Carnaval de Riosucio, el demonio hace hostias de felicidad y fraternidad.

Por: admin

04 Dic 2018, 11:00

“Desde que tengo memoria me siento vinculada con el Carnaval; hacemos unos encuentros previos a éste que  llamábamos  el Taller; allí es donde se prepara todo para el Carnaval, los integrantes de las cuadrillas nos distribuimos las responsabilidades que requiere la cuadrilla.”
Sí el grupo no tiene músicos, como es el caso de la cuadrilla de Gloria, él mismo se mete la mano al bolsillo y contrata los músicos que se necesitan. Unos escriben para el tema, acordado previamente por la  cuadrilla, Gloria por ejemplo, escribe para la suya;  todos cantan y bailan, su papá, José Fidel Soto,  prepara y diseña el vestuario. Por primera vez, sus  dos hijos debutaran en la cuadrilla de adultos, ambos ya habían participado en una cuadrilla infantil, evento similar preparado por los niños riosuceños.
Su nombre es Gloria Aleyda Soto Villegas, es contratistas de la Piloto  para   el proceso de Gestión de Colecciones Generales y Patrimoniales, trabaja en el área de Restauración y Conservación,  bajo la coordinación de la Profesional en Restauración, María Alejandra Garavito. Gloría manifiesta estar muy contenta con la labor que realiza en la Piloto, basada en aplicar  primeros auxilios en los  documentos que lo requieran y realizar los procesos de organización y almacenamiento, empaque y cuidado de los documento orientados por la Profesional en Restauración y Conservación. Se maravilla de todo aquello que  encuentra, cada vez que revisa una caja con documentos. Afirma; “Siento que le estoy aportando a un documento que pueda prolongar su vida de uso. “
 

 
“Mi familia la componen mi papá, dos hermanas y un hermano. Tengo dos hijos y estoy feliz mente casada con Jaime Bedoya  Escobar.” Papá, hijos, esposo trabajan de alguna forma, en la preparación del tema de la cuadrilla, deben reunirse en varias ocasiones para elegir la temática y realizar los ensayos.  Ella siente el Carnaval como parte de su calendario bienal. Aún recuerda que de niña, acompañaba a su papá a los ensayos de las cuadrillas y a su mamá, que ya no los acompaña, que aun de frágil salud, no dejaba que los hijos se perdieran la llegada de la festividad.
“Dragones y Lagartos,  y Jaibanás”,   son alguno de los nombre que toma la cuadrilla en cada una de sus apariciones;  la misma  que ya tiene un número considerable de participaciones y que  de nuevo se prepara para hacer su representación en la versión del Carnaval en enero de 2019.  Gloria recuerda patente el montaje de “Jaibaná”, tema  que realizaron  hace algunos años; resulta que ella portaba un bastón, recuerda además que el papá le había confeccionado unas hermosas alas y que con el bastón,  debía golpear contra el suelo, pero por error, lo hizo contra uno de sus dedos. Hace un gesto para representar  el dolor que le produjo, “sabía que tenia que responder por la coreografía del grupo y continúe la  representación. “
“Todo comenzó por la centralidad de dos poblados”, nos dijo Gloria, los dos poblados habían echado raíces con su propia iglesia,  en el pie del Cerro Ingrumá, ambas iglesias construidas con la distancia de una calle,   Nuestra Señora de la Montaña y Real Minas de Quiebralomo, los dos  se disputaban ser el centro fundador, cada poblado tenía sus costumbres, unos se consideraban blancos y de familia europea, los otros de tradiciones indígenas; dos culturas, dos intereses y la consecuente rivalidad. Entonces actuaron los curas, tomando como base la festividad  de Reyes. La unión de los dos poblados por una fiesta,  es la génesis del nacimiento de Riosucio en 1819.
Para Gloria: “Cuando uno habla del Carnaval algo pasa dentro de uno, es la unión familiar y de amigos, es un espacio para el reencuentro, para dejar a un lado las rencillas, allí todos compartimos algo con fraternidad.”
 

 
Esta es Gloria Soto, la mamá, la historiadora, la artista, la que sabe tratar una hoja, la que tiene alas para la representación, la dueña de la alegría, la de la palabra en su cuadrilla,  en el Carnaval de Riosucio, en el Departamento de Caldas.
“Se considera que el seis de enero de 1847 los indígenas de la Montaña intervinieron por primera vez con sus ritos del aborigen culto a la tierra en la fiesta de los reyes magos venida de Quiebralomo; en esta se mezclaban desde antaño danzas y cantos de origen africano con teatro sacro español y formas coreográficas de ancestro europeo y surgieron entonces las “Diversiones Matachinescas” con leyes festivas que ordenaban la reconciliación de los antiguos rivales.” Tomado de Wkipedia.
 



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