Desde adentro

Las bibliotecas públicas un marco para las ciudades del aprendizaje.

Por: admin

18 Oct 2019, 9:14


 
El 30 de septiembre, como preámbulo de la Conferencia Internacional de Ciudades del Aprendizaje de la UNESCO se realizó en la plazoleta de La Piloto la premiación de las 10 ciudades distinguidas  por la Unesco por sus prácticas idóneas en educación ellas son: Asuán (Egipto), Chengdu (China), Heraklion (Grecia), Ibadan (Nigeria), Medellín (Colombia), Melitopol (Ucrania), Petaling Jaya (Malasia), Santiago (México), Seodaemun-gu (República de Corea) y Sønderborg (Dinamarca).
Durante el evento, acompañado de música, se escucharon diversas voces; nuestra directora, Shirley Milena Zuluaga Cosme, abrió el evento con las siguientes palabras, que relacionan a la ciudad y sus fortalezas, con el fortalecimiento de experiencias bibliotecarias desde la génesis de la BPP hasta el presente:
 
“LA PILOTO UNA PEQUEÑA CIUDAD DEL APRENDIZAJE DENTRO DE LA CIUDAD MEDELLIN
Los lugares que propician el encuentro ciudadano, especialmente en torno al conocimiento, han sido fundamentales en el desarrollo de Medellín. El diálogo, el trabajo comunitario y compartido entre varios sectores de la sociedad permitieron que la transformación de la ciudad se convirtiera en un referente global de innovación y crecimiento inclusivo. Con estas ideas como contexto, les proponemos un recorrido por una biblioteca cuya historia se transforma y evoluciona de manera paralela a la de Medellín.
La historia comienza así: el 10 de noviembre de 1952 se firmó entre el gobierno de Colombia y la Unesco un acuerdo para la creación de una biblioteca que fuera un proyecto piloto con la capacidad de ser reproducido en otros lugares. Este acuerdo hacía parte de un plan muy ambicioso para crear bibliotecas en países en desarrollo de tres continentes: Asia, África y América Latina, y para Latinoamérica se contemplaba hacerlo en Manizales, una ciudad situada en la región montañosa del centro de Colombia. Pero un grupo de empresarios locales se encargó de convencer a los asesores de la Unesco que Medellín era un núcleo industrial con una población obrera muy numerosa, la cual tenía necesidades de alfabetismo y recreación bastante amplias que podían ser suplidas con un centro bibliotecario. Así nació la Biblioteca Pública Piloto de Medellín para América Latina.
Durante los primeros años la Biblioteca estuvo apadrinada por la UNESCO. La necesidad de formar bibliotecólogos condujo a la creación aquí, en 1956, de la Escuela Interamericana de Bibliotecología, lo cual, a su vez, impulsó que dos años más tarde, en 1958, la Gobernación del departamento creara una Red de Bibliotecas Rurales. De manera similar, y con el fin de expandir el proyecto bibliotecario, la Biblioteca Pública Piloto abrió una pequeña sede en el corregimiento de San Antonio de Prado, en periferia de la ciudad.
La aparición de la Biblioteca Pública Piloto en los cincuenta, y en especial los efectos positivos que se experimentaron en los primeros años de operación, detonó que en la década siguiente surgiera en Medellín una fuerte conciencia en torno a las bibliotecas, sus usos, sus efectos y sus bondades. Esto se vio reflejado en las industrias locales, que empezaron a incluir en sus planes la apertura y dotación de bibliotecas, y lo hicieron por medio de asociaciones destinadas a generar bienestar para los trabajadores, llamadas cajas de compensación familiar.
Durante los sesenta y a lo largo de la década del setenta, se fortaleció en la ciudad una pequeña pero sólida agrupación de bibliotecas entre privadas y públicas, dirigidas a poblaciones sensibles como la campesina y la proletaria. Dentro de ellas, desde luego, estaba la Biblioteca Pública Piloto, cuyo proyecto continuó expandiéndose con la construcción de un edificio propio y abriendo pequeñas sedes –llamadas filiales– en otros barrios de Medellín. Además, continuó recibiendo a grupos de bibliotecólogos de la región y del resto del país, que se formaban y se preparaban en sus instalaciones.
En las décadas siguientes todas estas acciones se consolidan. Podría decirse que Medellín descubre las bibliotecas en los cincuenta, entiende su importancia en los sesenta y setenta, y de ahí en adelante las incorpora poco a poco en sus estrategias de desarrollo de ciudad, de acuerdo con las limitaciones de recursos y no sin retrocesos, pero en general siguiendo una línea ascendente que las pone en un lugar privilegiado.  Para el caso de la Biblioteca Pública Piloto, en estos años se vuelve el lugar de encuentro de escritores y artistas en Medellín. Durante los ochenta y los noventa todo pasa en o a través de “la Piloto”, como se le dice de forma cariñosa.
Al despuntar el nuevo siglo la Alcaldía crea la Secretaría de Cultura Ciudadana, cuya función, entre otras, es velar por las bibliotecas. Y unos pocos años después surge en la ciudad un proyecto para crear ocho grandes edificios llamados “parques bibliotecas”, planeados para que los ciudadanos accedan no solo a contenidos relacionados con la lectura, sino a oferta cultural en un sentido muy amplio, además de toparse con espacios que tienen dimensión recreativa y que además sirven como puntos de encuentro y reunión para la comunidad. Es decir, entre muchas opciones de edificios, la ciudad elige ofrecer servicios esenciales desde las bibliotecas. Ahí hay un símbolo y un mensaje.
Para 2006 las bibliotecas han cobrado tanto valor que la Alcaldía crea el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín que hoy cuenta con más de 30 unidades de información. Esto sirve como detonante para que en 2012 aparezca la Subsecretaría de Bibliotecas, Lectura y Patrimonio, creada como un reconocimiento al largo y complejo proceso de construcción no solo de una infraestructura bibliotecaria, sino de una identidad ciudadana en torno a las bibliotecas.
Y posteriormente, en 2015, la ciudad establece una Política Pública en torno a la lectura, que desde luego pone el foco en las bibliotecas. Esto garantiza que, en los planes de desarrollo de Medellín, siempre debe haber recursos humanos y físicos para la dotación y sostenimiento de las bibliotecas. De ese modo lugares como este, que tal como hemos visto fue la semilla de la cual germinó toda una concepción de ciudad, puedan seguir existiendo. Para Medellín las bibliotecas no son un edificio cualquiera, sino un concepto fundamental para el desarrollo.
El edificio en el que ustedes se encuentran en estos momentos estuvo cerrado por casi tres años, durante los cuales se reformó. Pero aun cerrado, la Biblioteca Pública Piloto continuó prestando todos los servicios, incluso si eso significaba trasladar las colecciones de libros a otros lugares.  Una ciudad como Medellín no puede entenderse sin bibliotecas, sin el lugar que para nosotros es sinónimo de cultura, de transformación y de encuentro ciudadano.
Shiley Milena Zuluaga Cosme”.
 
 



Copyright 2010 © Biblioteca Pública Piloto de Medellín para América Latina.

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