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TAGORE, UN ARTISTA SIDERAL

Por: admin

18 May 2020, 12:04

Vamos a iniciar este viaje de palabras por la obra y la vida de Rabindranath Tagore haciendo  los respectivos reconocimientos y créditos a dos publicaciones de las cuales nos hemos servido para hablar del poeta, músico, cuentista y pintor indo-bengali. Recordemos que la nación de la india posee 23 lenguas oficiales sin sumar los miles de dialectos no oficiales. Esas publicaciones son el Correo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, conocido en forma más popular como el  Correo de la Unesco;  publicación que la  Biblioteca Pública Piloto de Medellín  posee en su Hemeroteca y que el mismo organismo internacional ha decidido, debido al valor y prestigio  de sus contenidos, digitalizar para sus lectores en habla  inglesa, francesa, rusa, española y en otros idiomas oficiales que hacen parte del organismo internacional. 

La otra obra es un libro magnífico de nombre “Redescubriendo a Tagore” bajo el sello editorial  Amaranta, publicación Indo-Latin American Cultural Initiative, Mumbai; en colaboración con Sahitya Akademi, Nueva Delhi y la Embajada de España en la India. 

Vamos a dejar que sea el docto Vittorino Veronese, Director General de la Unesco hasta 1961, quien el mismo año, se referirá al polifacético artista de la india en las siguientes palabras:  “Filosofo, educador, novelista, poeta y pintor, Rabindranaz Tagore es sin disputa una de las figuras máximas de los tiempos actuales. No solo se lo distinguió con el Premio Nobel de Literatura, que es un honor singular, sino también con el otro, menos espectacular y todavía más precioso y  no menos  significativo, de que fueran escritores de una jerarquía semejante a la suya los que tradujeron  su obra de diversos  Idiomas; escritores que ganaran también, por derecho propio, el Premio Nobel, como André Gide y Juan Ramón Jiménez. 

En esta  ocasión la India no rinde homenaje solamente al pensador y al literato, sino por sobre todo  al alma generosa y universales del hombre, alma abierta a los problemas no sólo de su propia tierra sino del mundo entero. Para una de sus obras máximas, la novela    “Gora,” Tagore, hijo del Maharshi Debendranaz, uno de los espíritus que guiarán el Brahma- Samaj, eligió como tema las tribulaciones y  problemas de este movimiento. No es cosa del azar que la Unesco, entre las diversas medidas que han tomado para celebrar el centenario del nacimiento de Tagore decidiera Publicar la primera Traducción Francesa de esta  novela, en la que el poeta insiste con todo su fervor y devoción en ideales de un mundo sin castas, un mundo en el que la discriminación cruel e irracional entre un ser humano y sus semejantes queda abolida para siempre. En una de  las muchas  escenas conmovedoras en que descuella su dominio de escritor, grita el héroe del libro que da  nombre   a éste: “Tú eres mi madre. La madre imaginaria que tanto busqué en mis andanzas y vagabundajes estaba en casa, esperando a la puerta de mi cuarto. Tú no perteneces a ninguna casta; tú no hace distinciones entre los hombres, ni conoces el odio, ni das vida en nosotros a otra cosa que el bien. Tú eres la India. ” Y luego el mismo Gora pronuncia estas palabras, que uno podría poner en boca del autor: “Ya no se oponen el hindú, el musulmán y el cristiano dentro de mí. Ahora son míos todos los alimentos espirituales del mundo”. Porque, en efecto, Tagore se nutría de todo lo que el mundo podrá ofrecerle, y así su mensaje de comprensión y tolerancia se dirige, más allá de las fronteras de la India, a todas las culturas, a todos los hombres. Un Mensaje que preconiza la libertad, no para el Individuo, sino para la colectividad entera:”El que quiere la libertad sólo para sí ” Afirmó el poeta “y teme que pueda obtenerla su vecino, no la merece “. 

Es más que justo, pues, que el mundo entero se una a la India en el homenaje que está rinde a un hombre cuya gloria ennobleció de manera imborrable a su país, sino también a todos  los Otros. 

En un artículo que escribiera poco después  de la muerte de Tagore en Agosto de 1 .94 I, dijo Jawaharlal Nehru: “Tanto Tagore como el Gandhi tomaron mucho del occidente y de otros países, especialmente el primero. Ninguno de los dos fué cerradamente nacionalista; y el mensaje que dejaron es un mensaje para el mundo en general. ” Tagore fué, verdaderamente, un eslabón vivo entre el Oriente y el Occidente. Así lo quiso él, que dedicó su vida entera a luchar contra la mezquina desconfianza que pudiera tener él frente de otras culturas. Hombre lleno de fé en lo fecundo del intercambio y la amistad cultural, para la Unesco Tagore es y seguirá siendo , con ese mensaje, un Guru, y por ello se asocia nuestra organización, como obedeciendo a un imperativo, al homenaje que le rinde en estos momentos el resto de la humanidad”.

Se encuentran además, entre los corresponsales de esta edición del Correo de la Unesco de diciembre de 1961, la imagen de uno de los maestros  más reconocido  de la cinematografía mundial, el padre de ese tríptico del tiempo que es la recordada Trilogía de Apu, nos referimos a   Satyajit Ray, semilla de la universidad fundada por el poeta en su tierra con gran parte de la herencia  familiar.

La segunda obra, para hacer referencia a este maestro espiritual de la palabra, surgió en el año 2011, para conmemorar los 150 años de vida del asceta hindú  en España; una alianza que sumó talentos de las dos naciones y sobre todo de España,  país por cierto enamorado del poeta; por eso no fueron pocos los homenajes y las charlas, que ese año se realizaron en la península ibérica   en honor a este pensador universal.

La obra de unas 400 páginas, dividida en en capítulos temáticos, construidos por una polifonía de voces excelsas del castellano y del mundo anglo-hindú.

Nuestro propósito será apenas tocar la piel de un tema hondo y una obra basta. Reza entre  los contenidos de la obra, que si un hombre decidiese transcribir la obra de Tagore demoraría 54 años en hacerlo; además que de toda la obra de  Rabindranath Tagore el mundo hispanoparlante, sólo conoce el cinco por ciento de ésta (5%); cifras nada despreciable para quien quiera saber del artista indo-bengali.

Además, por apenas subjetividad de encomendero, no haremos referencia profundas  a los apartes dedicados por la obra al Tagore músico y compositor y al artista plástico, por ser material  muy basto del artista y ademas  fino y precios  para otro tipo de  observador.

Rabindranath Thakur, nace en  Calcuta en 1861. De origen noble, último de los catorce hijos de una familia consagrada a la renovación espiritual de  Bengala, fue educado bajo el amparo de su padre. Para 1878 es enviado a Gran Bretaña, cuna del imperio al cual se encontrabas anexada la india. Allí estudió literatura y música.

Ese viaje le dio al poeta la oportunidad de saber que era un hombre de oriente con una mirada universal. Ahora su formación sincrética lo llevara de retorno a sus raíces sin perder la perspectiva de creador universal.

Se complació recordando aquel  viaje en Cartas de un viajero (1881), que publicó en el periódico literario Bharati, propiedad de sus hermanos en 1876. De la misma época son los dramas musicales El genio de Valmiki (1882) y Los cantos del crepúsculo (1882), y la novela histórica La feria de la reina recién casada (1883).

En 1882, unas experiencias místicas le llevaron a escribir los Cantos de la aurora (1883). En este mismo año contrajo nupcias con  una joven de dieciséis años, y a partir de entonces se dedicó a administrar los bienes de la familia de su esposa y a viajar por toda Bengala. En 1890 realizó un segundo viaje a Gran Bretaña. De este período son las colecciones poéticas Citra (1896) y El libro de los cumpleaños (1900).

En 1901 fundó la escuela en Santiniketan (Hogar de la Paz), en la que forjó un sistema pedagógico que defendía la libertad intelectual del ser humano. En 1904 publicó el ensayo político El movimiento nacional, en el que se pronuncia en favor de la independencia de su país. En 1910 apareció La ofrenda lírica, una de sus obras más conocidas.

A partir de 1912 recibió numerosas invitaciones para pronunciar conferencias en Europa, EE UU y algunos países asiáticos, su prestigio internacional iba en claro ascenso . Durante la I Guerra Mundial, y al agudizarse la agitación en la India, adoptó la postura pacifista exenta de nacionalismo. En sus últimos años se dedicó casi por completo a la administración de su centro de estudios, que a fines de 1921 se convirtió en universidad internacional con el nombre de Visva Bharati, y fue declarado universidad estatal en 1951.

De su extensa producción literaria cabe citar además los dramas Kacha y Devayani (1894), El cartero del rey (1913), Ciclo de la primavera (1916) y La máquina (1922); las novelas Gora (1910) y La casa y el mundo (1916); los poemarios La luna nueva (1913), El jardinero (1913) y La fugitiva (1918), y algunas colecciones de sus conferencias, como Sadhana (1912) y La religión del hombre (1930). Recibió el premio Nobel de Literatura en 1913.

Es indudable que la obra de Tagore baño la tradición literaria latinoamericana en manos de Mistral, Neruda, Sabato y del ibérico Juan Ramón Jiménez, uno de sus traductores a  la lengua castellana. Pero la obra elaborada para homenajear los ciento cincuenta años del artista deja claro que su primer traductor al español fue un argentino: “La primera traducción de una obra tagoreana al español, Cien poemas de Kabir, realizada por un destacado intelectual argentino en 1914-15, Joaquín V González, se realizó declaradamente para calmar el ambiente violento del país analizando el mensaje creativo del concepto iluminador de amor resaltado en ese libro de poemas.”

En 1916 realiza  un circuito de conferencias que le llevaran  a Japón y los Estados Unidos. Sus traducciones se multiplican. Durante un descanso de cuatro meses en Japón, Tagore escribió «»De camino a Japón» y «En Japón», recogidos en el libro Japanyatri. Durante este viaje, Tagore denunció el chovinismo nacionalista y los nacionalismos beligerantes de forma mundial, incluyendo el de los propios japoneses y estadounidenses.

Vamos a cerrar esta modesta referencia relacionada con Tagore,  necios seríamos   capturar el mar y destilarlo  en una gota de agua;  cerramos este repaso con la voz del bibliotecario director de la Biblioteca Nacional de la República de Argentina, Jorge Luis Borges, quien en sintonía con el poeta, renegaba igualmente de todos los nacionalismos por encima de una humanidad universal. El texto, publicado inicialmente  en la Revista Sur, donde don Jorge Luis era muy cercano y que reproducimos en su totalidad; refleja las afinidades  de pensamiento  para quienes el arte y la creación están por encima de esa concepción anacrónica de los nacionalismos, los actuales acontecimientos pandémicos nos dan penosas muestras de ello. Dejemos hablar al  coloso pensador de oriente y la magnánima mirada del bibliotecario  que lee a pesar de no  ver. 

“El Nacionalismo y Tagore
Por: Jorge Luis Borges

A fines de la Primera Guerra Mundial, Tagore publicó en San Francisco tres conferencias cuyo tema común era el examen y la reprobación del nacionalismo. Desde 1917 ha cambiado el contexto (digámoslo así) de la obra; nadie ha olvidado que en Italia y en Alemania dos dictadores profesaron abiertamente el nacionalismo, uno con énfasis, otro con énfasis y con despiadada eficacia. Ahora, bajo la inocencia máscara del marxismo, el gobierno de Rusia también está ejerciendo el nacionalismo. A los acontecimientos que he enumerado cabría agregar otros, que puede suplir el lector; ninguno de ellos invalida, en 1961, el libro que Tagore escribió hace ya casi medio siglo. El énfasis retórico y cierta resignación oriental al uso de lugares comunes no logran ocultar la agudeza del pensamiento de su autor.

Que a la India le falta sentido histórico es una observación que todos los orientalistas han hecho. Hacia 1910, Hermann Oldenberg quiso rebatir esta idea y alegó dos libros famosos de la literatura clásica, uno de Ceylán y otro de Kashmir; su probidad no le permitió silenciar que el primero registra dinastías de serpientes que preceden a las dinastías humanas y que el segundo habla de reyes que gobiernan cien o doscientos años después de la muerte de los hijos que los suceden. Deussen ha escrito que los hindúes nunca se rebajaron a la tarea egipcia de contar sombras; Tagore explica las imprecisiones o extravagancias de la cronología de la India por el desdén que otorgan los hindués a los hechos políticos. La eternidad les interesa, no el tiempo.

Consideremos ahora la tesis general de la obra. Tagore no investiga las razones mentales o económicas del nacionalismo, aunque admite la parte preponderante 113 que les corresponde a la soberbia y a la codicia. Para Tagore, la raíz del mal está en la nación o, si se prefiere, en la forma misma de los estados occidentales, que engendra fatalmente el nacionalismo y su sombra sangrienta, el imperialismo. Tagore tenía por Inglaterra un amor personal, que lo movió a escribir estas palabras: “Hemos sentido la grandeza de esta gente como se siente el sol, pero su nación es para nosotros una niebla sofocante y espesa que oculta al mismo sol”. Cifraba en Inglaterra las mejores virtudes del Occidente, pero le resultaba intolerable que la forma política de ese pueblo rigiera a los hindúes. En la página 131 se lee: “No estoy en contra de una nación en particular, pero sí en contra de la idea general de todas las naciones. ¿Qué es una nación? Es un pueblo entero bajo la especie de

un poder organizado. Esta organización promueve incesantemente el poderío y la eficacia del pueblo, pero su tenaz voluntad desvía las energías humanas de su naturaleza más alta, donde moran el sacrificio y el impulso creador. Es así como la capacidad de sacrificio del individuo se desvía de su verdadero fin, que es moral, para servir a la organización, que es mecánica. Ello le otorga un sentimiento de exaltación moral que lo hace infinitamente peligroso a la humanidad. No lo incomoda su conciencia cuando puede transferir su responsabilidad a esa máquina, que es la criatura de su intelecto y no de su total personalidad. Mediante este artificio, un pueblo que ama la libertad perpetúa la esclavitud en vastas regiones del mundo, fortalecido por la convicción halagüeña de haber cumplido con su deber”.

Shaw rechaza el capitalismo, que condena a los unos a la pobreza y a los otros al tedio; parejamente Rabindranath Tagore rechazaba el imperialismo, que disminuye a los oprimidos y al opresor. La cultura oriental y la occidental se conjugaron en este hombre, que manejó los dos instrumentos del inglés y del bengalí; en cada página de este libro conviven la afirmación asiática de las ilimitadas posibilidades del alma y el recelo que la máquina del estado inspiraba a Spencer.

El nacionalismo tienta a los hombres no sólo con el oro y con el poder sino con la hermosa aventura, con la abnegada devoción y con la honrosa muerte. Tiene su calendario de verdugos pero también de mártires. Sufrir y atormentar se parecen, así como matar y morir. Quien está listo a ser un mártir puede ser también un verdugo y Torquemada no es otra cosa que el reverse de Cristo.”

Será un lugar común decir que a manera de colofón viajamos 150 años atrás en la obra de un artista, poeta, pintor, pensador, guru y hombre universal. Que esta invitación no  es más que la punta de un inmenso iceberg que a su vez  es la punta de otro más grande. Siempre en una palabras y en un poema de Tagore nos podemos contemplar como la parte  contenida en  una multiplicidad de universos.



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