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Trabaja desde el hogar asistido por una perra

Resulta que un día nos despertamos hacer eso que llamamos rutina: levantarnos, bañarnos, acicalarnos con esencias y lociones; tomar rápidamente un café y sumergir allí, una rosquilla o un pedazo de pan; en simultánea escuchamos las noticias de la mañana. Hablan de un virus parecido al  Ébola, que sabemos fue descubierto en 1976 y que por su ubicación se encuentra presente en algunos países de África. Sigo tomando mi café y pienso que son  datos distantes y creo que es valiosos saber que existen organizaciones como La Organización Mundial de la Salud (OMS).  Retorno a la realidad y me doy cuenta de que me falta el lavado de dientes, mientras tu autocontrol se mete en tu cabeza para decirte: “Vas a llegar tarde, sino te apuras”

Como se pudieron dar cuenta en mi relato  no hay besos a la esposa y a los hijos. Olvide decir  que vivo con una perra, que quiero y amo. Que decidí rescatar de un refugio de perros abandonados  para rescatar mi alma solitaria. La llame Tina pero antes, le tuve que pedir permiso a mi madre, para darle un nombre. Martina de 94 años, que vive atravesando la ciudad, se puede ofender. La expresión Tina tiene un significativo valor en  tías: Cupertina, Fernandina, Valentina; además era el diminutivo más tierno del  nombre de  mamá. Finalmente tuve su aprobación.  

Volvamos a la pandemia, ahora me encuentro trabajando desde casa, el Virus no resultó como el Ébola, que se quedó en el África el bicho en dos semanas atravesó el océano  ya tiene nombre, se llama  COVID 19, tiene número porque pertenece a  una extensa familia de virus que pueden causar enfermedades tanto en animales como en humanos. La información proviene de la (OMS) Me reconforta saber que la humanidad está mejor preparada para afrontar una pandemia. Bicho microscópico que paralizó al mundo y que de un momento a otro nos mandó a trabajar desde  casa.  Volvamos a la casa, refugio, cueva, palacio, penthouse, catedral, o el otro lugar distinto a tu trabajo y ahora lo tienes que compartir con él; aclaró que a mi,  la casa me la dio mi trabajo, así que ¡le di la bienvenida!

Podemos  estar de acuerdo, cuando pensamos que  trabajar desde casa, podría parecernos una experiencia cómoda y hasta chevere; pero todos sabemos que cuando deseamos no siempre prevemos las dificultades e imprevistos de ese sueño. Por ejemplo pensemos sí, ¿será más fácil para mi, que vivo solo, el trabajo desde casa?  ¡que para quien tiene un copiloto o una pequeña tropilla de hijos que hay que coordinar o atender!  Notaron que no digo Teletrabajo, porque éste está amparado por la Ley 1221 de 2008 y es diferente a lo que estamos haciendo, que es, trabajar desde los hogares, producto de medidas de aislamiento y protección sanitaria. 

Recuerdo la experiencia del papá  de un amigo que una vez llegó a la edad de jubilación, percibió el  retiró y se sintió perdido. Le tomó años dejar de soñar y pensar en el trabajo, dejar de invocar las actividades de la empresa y saber que el tiempo era suyo y digo esto, recordando la llamada de un hermano, mi hermano mayor, al decirme  que a veces cargamos las costumbres y esta es una de las primeras condiciones del trabajo desde el hogar. Acostumbrarnos y adaptarnos a esta condición de trabajo.

Eso nos resultó un poco más fácil, por lo menos para mi, luego de la segunda o tercer semana. Un poco más adaptado empecé a notar que lo mismo estaba aconteciendo entre mis compañeros de trabajo. Me reconforta saber que entre todos hemos aportado para el sostenimiento de la Biblioteca, en momento en que cientos de bibliotecas en el mundo luchan por hacer lo mismo que estamos  haciendo. Tener a flote nuestra institución, cambiar nuevamente de piel y volvernos digitales.

 

 

Hasta el momento mi sueño no se ha perturbado, me levanto como de costumbre a eso de las 6 de la mañana, siempre he contado con un reloj biológico. Todo los días hay que despachar y atender a la perra, al jardín que tengo como una selva y elaborar el desayuno. Aunque he tenido poco interés en comer, terminé por echarle la culpa a mi falta de creatividad. En conversaciones por celular con mis hermanas empezaron a aparecer algunas  recetas, mis hermanas siempre me ayudan y además me recuerdan la sazón  de mamá. 

Con mi madre hace como cincuenta días que no me hablo ni veo, no puedo hablar por teléfono porque su oído no alcanza hasta allí, solo tengo el reporte de mi hermano que vive y cuida de ella. El 1 de mayo celebramos su cumpleaños, todo fue tan simpático, nosotros los hijos de tras de un celular celebrando el cumpleaños a la madre, madre que solo llegó a tener un oído funcional  para  la  telefonía fija. Bueno se me llenaron los ojos de lágrimas. Lo aprendí en una experiencia mística “Cuando abandonas tu dolor y piensas en el dolor de los demás, tu dolor desaparece.” Hay mucha gente que ahora sin empleo y sin comida sufren. 

Desaparece porque te encuentras con el dolor de los demás, alguien que llega hasta tu puerta, como me lo dijo una vecina, que se asomó al balcón y se encontró con la mirada de alguien que le  imploraba le diera de  comer, porque no tiene más fuerzas; o de las  voces que atraviesan la calle mezclado con el alarido de los perros, en medio de la ciudad y que retumban en tu corazón. Un joven a la distancia que exclama:  “madre tengo hambre” 

Así que, en algún momento de este trabajo remoto, en el que en cualquier instante nos sentimos  perdidos, improductivos y bloqueados,  hemos de nuevo encontrado el rumbo; de aquello que la institución espera de nosotros. Levantarnos desde nuestros hogares para que la Biblioteca siga siendo corazón, puente, encuentro y lectura.    

Las pausas activas las combino entre un  jardín de palmeras y tomates, por donde se filtra la ciudad luminosa, sin el rostro sucio de la contaminación y los abrazos y diálogos con una perra que se siente más encerrada que yo, que como una sombra ansiosa me persigue cuando salgo a comprar unos víveres.

Los fines de semana veo cine y escucho música. A Continuación una lista de títulos recomendados: Escuadrón de la Muerte, Lo Mejores Amigos, “The Best of Enemies”, Harriet: En busca de la libertad, Mujercitas, The Banker, 1917, A Fall from Grace, Parásitos y Mientras Dure la Guerra. 

Ya no siento el caos y el ruido incesante del celular que chillaba  constantemente, al inicio de este confinamiento sanitario, que sonaba como cuando se va a cabar el mundo. Ahora se hacen las llamadas necesarias y se reciben las requeridas.

Ahora me levanto todos los días para combinar las necesidades de casa y de Tina con las que me reclama mis responsabilidades con mis compañeros, los usuarios y La Piloto.

Desde mi confinamiento sanitario, desde donde veo la ciudad, como cuando vine al mundo en Hispania y  Betania, Antioquia, desde donde se divisan los Farallones del Citará.

Espero que algún día volvamos a estar en el mismo lugar soñando y construyendo la Biblioteca que la ciudad y la comunidad necesitan. 

 

Juan Carlos Sánchez R. 


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